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Sin la socialización de los medios de producción no hay socialismo.

SPD
El primero en introducir el concepto —aunque no el término— al vocabulario socialista parece ser Robert Owen, quien, a partir de sus experiencias en New Lanark, propuso, en 1813, que la participación de los trabajadores en la administración de empresas y repartición de ganancias llevarán no solo a un mejoramiento del carácter (moral y social) de los trabajadores sino también a un incremento en la producción. En consecuencia Owen propuso que la producción general debería efectuarse a través de cooperativas de producción.
La socialización de los medios de producción, es el proceso de estructuración de la economía sobre bases socialistas mediante el establecimiento de un sistema de producción para su uso social, en lugar de organizar la producción para el beneficio privado, eliminando las leyes del capitalismo. La propiedad social de los medios de producción puede ser comunitaria o cooperativa.
La socialización no se extiende a los bienes de consumo y/o pertenencias personales, ni impide la obtención de ganancias derivadas del esfuerzo personal. La socialización de los medios de producción significa la abolición del derecho de propiedad privada y de la gestión privada de las fábricas, medios de transporte, minas, almacenes, comercios, hospitales, escuelas, universidades, hoteles, etc. La propiedad privada de la tierra, en nuestro caso, se limitaría a la que puedan hacer producir el dueño y sus familiares, en ningún caso sería mayor de 60 Ha. La extensión de las tierras gestionadas por las cooperativas o comunas se correspondería al número de asociados de las cooperativas o de comuneros, ya que salvo condiciones excepcionales no se podría emplear el trabajo asalariado.
El objetivo de socializar los medios de producción es el de transferir los procesos económicos al control de la sociedad a fin de lograr la libertad del ser humano. El trabajador no puede ser libre a menos que pueda controlar su destino, para poder desplegar la capacidad colectiva de los seres humanos. En ese sentido, se puede afirmar que la socialización es el proceso opuesto a la enajenación.
La historia reciente ha demostrado que la estatización de los medios de producción no es sinónimo de socialización y por tanto no garantiza ventajas iguales que la socialización.
El Congreso de la Asociación Internacional del Trabajo (Primera Internacional) en 1868 – aceptó definitivamente la idea de socialización al pronunciarse claramente en favor del colectivismo industrial, entendido como propiedad ejercida por las cooperativas de producción y no como propiedad estatal. En lo concerniente a la agricultura se dispuso una solución parecida: la tierra sería poseída por las comunidades locales y la cultivarían los trabajadores afiliados en cooperativas agrícolas. El congreso se esforzó en señalar el peligro de que las cooperativas tomaran formas capitalistas, y se subrayó que el objeto de éstas era arrebatar los instrumentos de producción de las manos de los potentados para devolverlos a los obreros, quienes eran sus legítimos propietarios.
Marx y Engels continúan con esa percepción general en su visión de la socialización pero, en su opinión, en lugar de ser un proceso que depende de la consciencia humana o social, es una parte integral del proceso productivo general, y que conduce inexorablemente al reconocimiento por parte de la sociedad del carácter social de la economía y sus procesos y elementos:”… esas fuerzas productivas en sí mismas tienden, con creciente energía, a la remoción de las contradicciones existentes, a su abolición de su calidad como capital, al reconocimiento práctico de su carácter como fuerzas sociales de producción».
La “centralización” o acumulación -primero en grandes empresas de asociación y después en manos del Estado- es un paso esencial -en la opinión de Marx- hacia el desarrollo de la socialización de los medios a través del desarrollo del capitalismo que termina en el socialismo. Esto implica que estatización no es, ni puede ser considerada, una medida socialista. Marx introduce explícitamente una diferencia entre propiedad del Estado y propiedad de la sociedad: “Finalmente, el comunismo es la expresión positiva de la anulación de la propiedad privada -primero como propiedad privada universal… “. Engels es aún más específico: “Ciertamente, si la nacionalización de la industria del tabaco fuese socialismo, habría que incluir entre sus fundadores a Napoleón y a Metternich”.
Las medidas prácticas que Marx y Engels sugieren son la completación de la “socialización capitalista”, concentrando en manos del Estado la propiedad de los medios de producción, es decir: posesión, planificación y control de la tierra, capital y las finanzas, incluyendo alocación, organización y distribución “ con arreglo a un plan colectivo” “Tan pronto como, en el transcurso del tiempo, hayan desaparecido las diferencias de clase y toda la producción esté concentrada en manos de la sociedad, el Estado perderá todo carácter político. El Poder político no es, en rigor, más que el poder organizado de una clase para la opresión de la otra. El proletariado se ve forzado a organizarse como clase para luchar contra la burguesía; la revolución le lleva al Poder; mas tan pronto como desde él, como clase gobernante, derribe por la fuerza el régimen vigente de producción, con éste hará desaparecer las condiciones que determinan el antagonismo de clases, las clases mismas, y, por tanto, su propia soberanía como tal clase. Y a la vieja sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, sustituirá una asociación en que el libre desarrollo de cada uno condicione el libre desarrollo de todos.”
Se ha sugerido que persiste una confusión entre la culminación del desarrollo de la “socialización capitalista” y la transformación de tal socialización en socialismo debido a que Marx efectuó un análisis inadecuado o que falló en delinear precisamente el quien y como llevaría a cabo ese “plan colectivo”. Marx pensaba que bastaría que se eliminara la propiedad individual para que el interés privado desapareciera y el social se hiciera universal. Sin embargo —se ha alegado— no percibió que una vez que la propiedad privada hubiese desaparecido, iba a adquirir importancia capital la cuestión del control político de las relaciones sociales. Y entonces el problema del socialismo iba a pasar a ser una cuestión de democracia, como ocurrió en la práctica, porque el pueblo trabajador no se sintió dueño colectivo de los medios de producción al permanecer como obreros asalariados del estado y no desarrollarse los mecanismos democráticos que les permitieran ejercer directamente el poder.