José Martí y los partidos políticos.

A su pueblo se ha de ajustar todo partido público, y no es la política más, o no ha de ser, que el arte de guiar, con sacrificio propio, los factores diversos u opuestos de un país de modo que, sin indebido favor a la impaciencia de los unos ni negación culpable de la necesidad del orden en las sociedades -sólo seguro con la abundancia del derecho- vivan sin choque, y en libertad de aspirar o de resistir, en la paz continua del derecho reconocido, los elementos varios que en la patria tienen titulo igual a la representación y la felicidad. Un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea, ni el empeño pueril de realizar en una agrupación humana el ideal candoroso de un espíritu celeste, ciego graduado de la universidad bamboleante de las nubes. De odio y de amor, y de más odio que amor, están hechos los pueblos; sólo que el amor, como sol que es, todo lo abrasa y funde; y lo que por siglos enteros van la codicia y el privilegio acumulando, de una sacudida lo echa abajo, con su séquito natural de almas oprimidas, la indignación de un alma piadosa. Con esas dos fuerzas: el amor expansivo y el odio represor -cuyas formas públicas son el interés y el privilegio- se van edificando las nacionalidades. La piedad hacia los infortunados, hacía los ignorantes y desposeídos, no puede ir tan lejos que encabece o fomente sus errores. El reconocimiento de las fuerzas sordas y malignas de la sociedad, que con el nombre de orden encubren la rabia de ver erguirse a los que ayer tuvieron a sus pies, no puede ir hasta juntar manos con la soberbia impotente, para provocar la ira segura de la libertad poderosa. Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia.
Hay que deponer mucho, que atar mucho, que sacrificar mucho, que apearse de la fantasía, que echar pie a tierra con la patria revuelta, alzando por el cuello a los pecadores, vista el pecado paño o rusia: hay que sacar de lo profundo las virtudes, sin caer en el error de desconocerlas porque vengan en ropaje humilde, ni de negarlas porque se acompañen de la riqueza y la cultura. El peligro de nuestra sociedad estaría en conceder demasiado al empedernido espíritu colonial, que quedará hoceando en las raíces mismas de la república, como si el gobierno de la patria fuese propiedad natural de los que menos sacrifican por servirla, y más cerca están de ofrecerla al extranjero, de comprometer con la entrega de Cuba a un interés hostil y desdeñoso, la independencia de las naciones americanas:-y otro peligro social pudiera haber en Cuba: adular, cobarde, los rencores y confusiones que en las almas heridas o menesterosas deja la colonia arrogante tras sí, y levantar un poder infame sobre el odio o desprecio de la sociedad democrática naciente a los que: en uso de su sagrada libertad, la desamen o se le opongan. A quien merme un derecho, córtesele la mano, bien sea el soberbio quien se lo merme al inculto, bien sea el inculto quien se lo merme al soberbio. Pero esa labor será en Cuba menos peligrosa, por la fusión de los factores adversos del país en la guerra saneadora; por la dignidad que en las amistades de la muerte adquirió el liberto ante su señor de ayer; por la peculiar levadura social que, aparte de la obra natural del país, llevarán a la república las masas de campesinos y esclavos emigrados, que, a mano con doctores y ricos de otros días y próceres de la revolución, han vivido, tras veinticinco años de trabajar y de leer, y de hablar y oír hablar, como en ejercicio continuo y consciente de la capacidad del hombre en la república. Y mientras una porción reacia e ineficaz, la porción menos eficaz, del señorío cubano antiguo, se acorrala injusta y repulsiva, contra este pueblo nuevo de cultura y virtud, de mentes libres y manos creadoras, otra porción del señorío cubano, mucho más poderosa que aquella, ha vivido dentro de la masa revuelta, ha conocido y guiado su capacidad, ha trabajado mano a mano con ella, se ha hecho amar de la masa, y es amado, ¡y hoy rodaría por tierra, mente a mente, mucho menguado leguleyo que le negase la palabra superior a mucho hijo de esta alma-madre del trabajo y la naturaleza! En Cuba no hay duelo entre un señorío desdentado y napolitano y el país, de suyo tan moderado como desigual, en que, con la pura esperanza de la libertad suficiente, se reúnen por el respeto del esfuerzo común, los hombres delcampo y de la esclavitud y del oficio pobre, conscientes ya de sus derechos y del riesgo de exagerarlos, con todo lo que hay de útil y viril, de fundador y de piadoso, en el antiguo señorío cubano. Del alma cubana arranca, decisivo, el deseo puro de entrar en una vida justa, y de trabajo útil, sobre la tierra saneada con sus muertos, amparada por las sombras de sus héroes, regada con los caudales de su llanto. La esperanza de una vida cordial y decorosa anima hoy por igual a los prudentes del señorío de ayer, que ven peligro en el privilegio inmerecido de los hombres nulos,-y a los cubanos de humilde estirpe, que en la creación de sí propios se han descubierto una invencible nobleza. Nada espera el pueblo cubano de la revolución que la revolución no pueda darle. Si desde la sombra entrase en ligas, con los humildes o con los soberbios, sería criminal la revolución, e indigna de que muriésemos por ella. Franca y posible, la revolución tiene hoy la fuerza de todos los hombres previsores, del señorío útil y de la masa cultivada, de generales y abogados, de tabaqueros y guajiros, de médicos y comerciantes, de amos y de libertos. Triunfará con esa alma, y perecerá sin ella. Esa esperanza, justa y serena, es el alma de la revolución. Con equidad para todos los derechos, con piedad para todas las ofensas, con vigilancia contra todas las zapas, con fidelidad al alma rebelde y esperanzada que la inspira, la revolución no tiene enemigos, porque España no tiene más poder que el que le dan, con la duda que quieren llevar a los espíritus, con la adulación ofensiva e insolente a las preocupaciones que suponen o halagan en nuestros hombres de desinterés y grandeza, los que, so capa de amar la independencia de su país, aborrecen a cuantos la intentan, y procuran, para cuando no la puedan evitar, ponerse de cabeza, dañina y estéril, de los sacrificios que ni respetan ni comparten.
Para andar por un terreno, lo primero es conocerlo. Conocemos el terreno en que andamos. Nos sacarán a salvo por él la lealtad a la patria que en nosotros ha puesto su esperanza de libertad y de orden,-y la indulgencia vigilante, para los que han demostrado ser incapaces de dar a la rebelión de su patria energía y orden. Sea nuestro lema: libertad sin ira.
José J. Martí. OC, 03:139-141

El papel del estado en el Socialismo debe disminuir progresivamente.

Federico Engels escribió en Anti-Dühring: “El proletariado toma en sus manos el Poder del Estado y comienza por convertir los medios de producción en propiedad del Estado. Pero con este mismo acto se destruye a sí mismo como proletariado y destruye toda diferencia y todo antagonismo de clases, y, con ello mismo, el Estado como tal. La sociedad hasta el presente, movida entre los antagonismos de clase, ha necesitado del Estado, o sea de una organización de la correspondiente clase explotadora para mantener las condiciones exteriores de producción, y por tanto, particularmente para mantener por la fuerza a la clase explotada en las condiciones de opresión (la esclavitud, la servidumbre o el vasallaje y el trabajo asalariado), determinadas por el modo de producción existente. El Estado era el representante oficial de toda la sociedad, su síntesis en un cuerpo social visible; pero lo era sólo como Estado de la clase que en su época representaba a toda la sociedad: en la antigüedad era el Estado de los ciudadanos esclavistas; en la Edad Media el de la nobleza feudal; en nuestros tiempos es el de la burguesía. Cuando el Estado se convierta finalmente en representante efectivo de toda la sociedad, será por sí mismo superfluo. Cuando ya no exista ninguna clase social a la que haya que mantener en la opresión; cuando desaparezcan, junto con la dominación de clase, junto con la lucha por la existencia individual, engendrada por la actual anarquía de la producción, los choques y los excesos resultantes de esta lucha, no habrá ya nada que reprimir ni hará falta, por tanto, esa fuerza especial de represión, el Estado. El primer acto en que el Estado se manifiesta efectivamente como representante de toda la sociedad: la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad, es a la par su último acto independiente como Estado. La intervención de la autoridad del Estado en las relaciones sociales se hará superflua en un campo tras otro de la vida social y se adormecerá por sí misma. El gobierno sobre las personas es sustituido por la administración de las cosas y por la dirección de los procesos de producción. El Estado no será “abolido”; se extingue.”
Si bien al triunfar una Revolución Socialista, el estado, al asumir el control de casi todos los medios de producción, inicialmente se hipertrofia, en la medida que los trabajadores asuman directamente el control de estos medios, mediante el cooperativismo y la autogestión obrera, comenzará de manera progresiva la disminución de la burocracia estatal y el papel del estado en las tareas administrativas en la producción y los servicios hasta producirse la “extinción” del estado.

¿Por qué el Socialismo?

¿Por qué el socialismo?
ALBERT EINSTEIN
¿Conviene que alguien que no es experto en cuestiones económicas y sociales exprese sus puntos de vista en materia de socialismo? Creo por numerosas razones que sí.
Consideremos primero la cuestión desde el punto de vista del conocimiento científico.
Podría parecer que no hay diferencias metodológicas fundamentales entre la astronomía y la economía: los científicos de ambos campos pretenden descubrir leyes aceptables en general sobre un grupo limitado de fenómenos para hacer una interconexión entre éstos que sea lo más claramente comprensible que se pueda. Pero en realidad estas diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía se ha hecho difícil por el hecho de que la observación de los fenómenos económicos es frecuentemente afectada por muchos factores que es complicado evaluar por separado.
Además, la experiencia acumulada, desde el principio de la llamada etapa civilizada de la historia humana, ha sido –como ya se sabe– muy influida y limitada por causas que no son exclusivamente de naturaleza económica. Por ejemplo, la mayor parte de los principales Estados de la historia deben su existencia a las conquistas. Los conquistadores se establecieron legal y económicamente como la clase privilegiada del país conquistado.
Monopolizaron para sí la propiedad de la tierra y designaron a los sacerdotes entre sus propias filas. Los sacerdotes, en el control de la educación, hicieron una institución permanente de la división de clases de la sociedad y crearon un sistema de valores mediante el cual las personas fueron guiadas de allí en adelante, en gran medida inconscientemente, en su comportamiento social.
Sin embargo la tradición histórica es, por decirlo de alguna manera, de ayer: en ningún lado tenemos la superación de lo que Thorstein Veblen llamó “la etapa depredadora” del desarrollo humano. Los hechos económicos observables pertenecen a esa etapa e incluso las leyes, tal como pueden derivarse de ellos, no son aplicables a otras etapas. Dado que el propósito real del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la etapa depredadora del desarrollo económico, la ciencia económica en su presente estado puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro.
En segundo lugar, el socialismo se dirige a un fin ético social. La ciencia, sin embargo, no puede crear fines a menos que éstos sean introducidos por los seres humanos: la ciencia, a lo más, puede proporcionar los medios mediante los cuales se logran ciertos fines. Pero los propios fines son concebidos por personalidades con ideales elevados y si estos fines no nacen muertos sino vitales y vigorosos, son adoptados e impulsados por aquellos seres humanos que medio inconscientemente determinan la lenta evolución de la sociedad.
Por estas razones deberíamos permanecer en guardia y no sobrestimar la ciencia y los métodos científicos cuando la cuestión son los problemas humanos, y no deberíamos suponer que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse sobre cuestiones que atañen a la organización de la sociedad. Innumerables voces han venido afirmando por algún tiempo ahora que la sociedad humana está pasando por una crisis y que su estabilidad está siendo seriamente quebrantada. Es característico de esta situación que los individuos sientan indiferencia e incluso hostilidad hacia el grupo al que pertenecen. Para ilustrar lo que quiero decir permítanme registrar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un hombre inteligente y bien intencionado sobre la amenaza de otra guerra, la que en mi opinión pondría en peligro la existencia de la humanidad, y señalé que sólo una organización supranacional podría ofrecer una protección de este peligro.
Enseguida mi visitante me dijo muy calmada y fríamente: “¿por qué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la raza humana?” Estoy seguro de que hace un siglo nadie hubiera tenido la frivolidad de hacer una afirmación de este tipo. Ésta es la afirmación de un hombre que se esfuerza en vano para lograr un equilibrio dentro de sí y que tiene más o menos esperanza de alcanzarlo. Ésta es la expresión de una dolorosa soledad y de un aislamiento que mucha gente está sufriendo en estos días. ¿Cuál es la razón? ¿Hay una salida? Es fácil plantearse estas preguntas, pero es difícil responderlas con algún grado de seguridad. Debo tratar de hacerlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son frecuentemente contradictorios y oscuros y que no pueden expresarse con fórmulas fáciles y sencillas.
El hombre es al mismo tiempo un ser solitario y un ser social. Como ser solitario intenta proteger su propia existencia y la de aquellos cercanos a él para satisfacer sus deseos personales y desarrollar sus habilidades innatas. Como ser social busca ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, compartir los placeres, confortarlos en sus penas y mejorar sus condiciones de vida. Únicamente la existencia de estos variados y frecuentemente conflictivos esfuerzos importantes y su combinación específica determinan el grado en que un individuo puede lograr un equilibrio interior y puede contribuir al bienestar de la sociedad. Es bastante posible que la fuerza relativa de estos dos impulsos esté en su mayor parte fijada por la herencia. Pero la personalidad que surge finalmente está en gran medida formada por el medio ambiente en el que el hombre suele encontrarse a sí mismo durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad y por su apreciación de tipos particulares de comportamiento. El concepto abstracto de “sociedad” significa para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con toda la gente de las generaciones anteriores. El individuo es capaz de pensar, sentir, esforzarse y trabajar por sí mismo, pero depende a tal grado de la sociedad —en su existencia física, intelectual y emocional— que es imposible pensarlo y entenderlo fuera del marco de la sociedad. Es la sociedad la que proporciona al hombre alimento, hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento y la mayor parte del contenido del pensamiento: su vida se ha hecho posible a través de la labor y de los logros de muchos millones presentes y pasados que están ocultos detrás de la pequeña palabra “sociedad”.
Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la sociedad es un hecho cuya naturaleza no podemos omitir, lo mismo que en el caso de las hormigas y las abejas. Sin embargo, mientras todo el proceso vital es fijado hasta el detalle más pequeño por instintos rígidos y hereditarios, el patrón social y las interrelaciones de los seres humanos son muy variables, susceptibles de cambios. La memoria, la capacidad de hacer combinaciones y el don de la comunicación oral hicieron posibles desarrollos entre los seres humanos que están dictados por necesidades biológicas. Estos desarrollos se hacen evidentes en las tradiciones, en las instituciones y en las organizaciones; en la literatura, en los logros científicos y tecnológicos; en las obras de arte. Esto explica cómo es que el hombre en cierto sentido puede influir en su vida y que en ello los procesos de pensamiento consciente o carente de él formen parte.
El hombre adquiere desde su nacimiento, a través de la herencia, una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, que incluye los instintos naturales que son característicos de la especie humana. Además, durante su vida, el hombre adquiere una constitución cultural que toma de la sociedad mediante la comunicación y otros tipos de influencias. Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, es sujeta a cambios y la que determina en una gran medida la relación entre el individuo y la sociedad. La moderna antropología nos ha enseñado, mediante la investigación de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de los seres humanos puede diferir mucho, dependiendo de los patrones culturales que prevalezcan y de la organización predominante en la sociedad. Es en esto en lo que quienes luchan por mejorar a la mayoría de los hombres deben basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados por su constitución biológica a aniquilarse unos a otros o a estar a merced de un destino fatal autoinflingido.
Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y la actitud cultural del hombre puede cambiar para hacer la vida tan satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del hecho de que hay ciertas condiciones que nos es imposible modificar. Como mencioné anteriormente, para todo propósito práctico, la naturaleza biológica del hombre no es objeto de modificaciones. Más aún, los desarrollos tecnológicos y demográficos de las últimas centurias han creado condiciones que están aquí para quedarse. En asentamientos poblacionales relativamente densos, dados los bienes que son necesarios para la continuación de su existencia, son absolutamente necesarios una división del trabajo extrema y un gran aparato productivo. Ese tiempo, que viendo hacia atrás parece edificio, en el que los individuos y las pequeñas comunidades podían ser completamente autosuficientes, se ha ido para siempre. Es sólo una ligera exageración decir que la humanidad constituye incluso ahora una comunidad planetaria de producción y consumo.
He llegado ahora al punto en el que podría señalar brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Éste es el concerniente a la relación del individuo con la sociedad. El individuo se ha vuelto más consciente que nunca de su dependencia de la sociedad. Sin embargo no ve esta dependencia como un valor positivo, como un vínculo orgánico, como una fuerza protectora sino como una amenaza a sus derechos humanos e incluso a su existencia económica. Sin embargo, su posición en la sociedad es tal que los impulsos egoístas de su temperamento se están acentuando constantemente, mientras que sus impulsos sociales, que son por naturaleza más débiles, se están deteriorando progresivamente. Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Prisioneros sin saberlo de su propio egoísmo, se sienten solos, inseguros y privados del nivel, sencillo y no sofisticado disfrute de la vida. El hombre puede encontrarle sentido a la vida, corta y peligrosa como es, dedicándose únicamente a la sociedad. La anarquía económica del capitalismo tal como existe hoy en día es en mi opinión la fuente real del mal.
Vemos antes que nosotros una enorme comunidad de productores cuyos miembros están incesantemente luchando por despojar a los otros de los frutos de su trabajo colectivo, no por la fuerza sino mediante la fiel obediencia a las reglas legalmente establecidas. A este respecto es importante darse cuenta de que los medios de producción –es decir, la capacidad productiva total que se necesita para producir bienes de producción además de los de capital– pueden ser legalmente, y la mayor parte lo son, propiedad privada de individuos. Para simplificar en el análisis que sigue llamaré “trabajadores” a todos aquellos que no comparten la propiedad de los medios de producción, aunque esto no corresponda al uso acostumbrado del término. El propietario de los medios de producción está en posición de comprar la capacidad de trabajo del trabajador. Al utilizar los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se vuelven propiedad del capitalista.
Lo esencial de este proceso es la relación entre lo que el trabajador produce y lo que le pagan, ambas cosas medidas en términos del valor real. Como el contrato laboral es “libre”, lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por los requerimientos de los capitalistas de capacidad de trabajo en relación con el número de trabajadores que compiten por los empleos. Es importante entender que incluso en la teoría, el pago del trabajador no está determinado por el valor de su producto. El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte por la competencia entre los capitalistas y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo impulsa la formación de grandes unidades de producción en detrimento de las más pequeñas. El resultado de estos desarrollos es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no puede ser vigilado ni siquiera por una sociedad política democráticamente organizada. Esto es cierto pues los miembros de los cuerpos legislativos son elegidos por los partidos políticos, que son en gran medida financiados o de alguna manera influidos por los capitalistas privados quienes, para todo propósito práctico, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo no protegen de hecho lo suficiente los intereses de los sectores no privilegiados de la población. Además, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados controlan inevitablemente, directa o indirectamente, la mayoría de las fuentes de información (prensa, radio, educación). Es entonces extremadamente difícil, y ciertamente en muchos casos bastante imposible, para el ciudadano individual llegar a conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos.
La situación prevaleciente en una economía basada en la propiedad privada del capital está entonces caracterizada por principios esenciales: primero, los medios de producción (el capital) son propiedad privada y los dueños disponen de ellos como lo juzguen conveniente; segundo, el contrato de la capacidad de trabajo es libre. Naturalmente que no hay algo como una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular habría que señalar que los trabajadores a través de largas y amargas luchas políticas han tenido éxito en asegurar una forma algo mejorada del “contrato libre de trabajo” para ciertas categorías de trabajadores. Pero si la vemos en su totalidad, la economía actual no difiere mucho del capitalismo “puro”. En la producción se lucha por los beneficios y no por la utilidad. No hay ninguna seguridad de que aquellos que pueden y están dispuestos a trabajar estén siempre en posición de encontrar empleo: casi siempre existe un “ejército de desempleados”. El trabajador siempre está temeroso de perder su trabajo. Como los desempleados y los trabajadores peor pagados no son un mercado que dé beneficios, la producción de los bienes de consumo es limitada y la consecuencia son los apuros que pasan. El progreso tecnológico frecuentemente da lugar a más desempleo y no alivia la carga de trabajo de todos. La fuerza motora del beneficio, en conjunción con la competencia entre capitalistas es responsable de una inestabilidad en la acumulación y la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas. La competencia ilimitada conduce a una enorme escasez de trabajo y a la deformación de la conciencia social de los individuos que mencioné anteriormente.
Considero que la deformación de los individuos es el peor mal del capitalismo, Todo nuestro sistema educativo sufre de este mal. Se inculca una actitud exageradamente competitiva en los estudiantes que son entrenados para venerar los logros adquisitivos como preparación para su futura trayectoria profesional. Estoy convencido de que sólo hay una forma de eliminar estos graves males, mediante el establecimiento de una economía socialista, acompañada de un sistema educativo que estaría orientado hacia metas sociales.
Y en ella una economía en la que los medios de producción sean propiedad de la sociedad misma y sean utilizados de una manera planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, que distribuiría el trabajo entre todos los que sean capaces de trabajar y que garantizaría la sobrevivencia de cada hombre, mujer o niño. La educación del individuo, además de la promoción de sus propias habilidades innatas, trataría de desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para con sus compañeros, en lugar de la glorificación del poder y el éxito en nuestra sociedad actual.
Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada como tal podría ir acompañada de la completa esclavización del individuo. Lograr el socialismo requiere resolver problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo se podría, si llegara a alcanzarse una centralización del poder político y económico, impedir que la burocracia se hiciera todopoderosa y arrogante?, ¿cómo pueden ser protegidos los derechos de los individuos y cómo asegurar con eso un contrapeso al poder de la burocracia?.

Texto aparecido originalmente en Monthly Review de mayo de 1949. Republicado por la misma revista en el vol. 50, núm. 1, mayo de 1998.
Tomado de: https://www.marxists.org/espanol/einstein/por_que.htm

Sin una educación comunista no es posible el desarrollo del Socialismo.

EscolaresEl objetivo fundamental del socialismo es la liberación de los seres humanos de la enajenación que produce la explotación asalariada del capitalismo, pero no bastaría con el triunfo de esa conquista para que la sociedad alcance su plena liberación. Al cambiar las relaciones burguesas de producción y establecerse las relaciones socialistas, donde todos los trabajadores son libres y trabajan asociados o no, sin estar sometidos al trabajo asalariado, se crean las condiciones materiales para el desarrollo pleno de la personalidad humana donde se manifiesten en la generalidad de los ciudadanos las virtudes inherentes a una sociedad sin explotadores ni explotados: el patriotismo, el humanismo, la solidaridad, la laboriosidad, la honestidad, el amor a los demás, el internacionalismo, el colectivismo, el respeto al derecho ajeno y a la propiedad colectiva y social, el cuidado de la naturaleza, el respeto a los padres, a la familia y a las personas mayores, etc.
Para alcanzar estos objetivos la sociedad debe dedicar gran parte de sus recursos a la educación de las nuevas generaciones y a modificar mediante el ejemplo de todos los revolucionarios la conducta, las convicciones y la conciencia de toda la población. Estas conquistas se alcanzarán en la misma medida que la población se reconozca como el sujeto de la construcción de la nueva sociedad. Esta será la principal conquista del socialismo y permitirá que tanto el Socialismo como el Comunismo dejen de ser utopías para convertirse en la realidad, llegando a materializarse el pensamiento de nuestro Apóstol Jose J. Martí y Pérez: “Todos los árboles de la tierra se concentrarán al cabo en uno, que dará en lo eterno suavísimo aroma: el árbol del amor:-¡de tan robustas y copiosas ramas, que a su sombra se cobijarán sonrientes y en paz todos los hombres!; ¡Ya se oyen los sonidos de las liras, con que celebrarán las cercanías del cielo los habitantes de esa formidable Arcadia!”
José J. Martí, OC, Vol. 05:103

El Socialismo es la eliminación de la explotación del hombre por el hombre.

Carlos Marx y sus principales colaboradores.

Fundadores del Marxismo.

Friedrich_Engels

Durante su largo desarrollo la humanidad ha evolucionado desde la edad de piedra hasta el capitalismo desarrollado, pasando en sus últimas etapas por la sociedad esclavista y la sociedad feudal.
La sociedad esclavista significó un gran desarrollo con relación a la barbarie donde los prisioneros de las continuas guerras eran asesinados, en ella se convertían en esclavos que trabajaban para sus dueños. Los esclavistas los hacían trabajar, podían castigarlos y venderlos, pero los alimentaban y vestían.
En la sociedad feudal los señores feudales tenían muchas prerrogativas sobre los vasallos, los ciervos y los ciervos de la gleba, estos estaban obligados a cultivar las tierras del señor feudal y entregar parte de la cosecha obtenida en las tierras que el señor feudal les asignaba para cultivo independiente. Tenían sus casas y sus familias. Con relación al esclavismo significó un avance importante en la organización social de la humanidad, en la productividad del trabajo y en las condiciones de vida de las clases oprimidas.
Entre fines del siglo XVII y mediados del XIX la Revolución Inglesa, la independencia de las 13 colonias inglesas en Norteamérica y la Revolución Francesa, liquidaron el sistema feudal e iniciaron la Revolución Burguesa. En el nuevo modo de producción no existían esclavos ni ciervos, -aunque en muchos países, y sobre todo en sus colonias, se mantuvo el trabajo esclavo hasta fines del siglo XIX-, desde entonces los trabajadores venden su fuerza de trabajo a los burgueses dueños de los medios de producción.
El Capitalismo desarrolló la Revolución Industrial aumentando considerablemente la productividad del trabajo, la Revolución Científico-Técnica, logrando grandes avances en la educación, la salud, las condiciones de vida, las comunicaciones, el transporte, la agricultura, etc.
Carlos Marx y sus colaboradores a mediados del siglo XIX identificaron las condiciones de explotación del proletariado en la sociedad capitalista demostrando que la burguesía se apoderaba de una parte del trabajo de los obreros, la plusvalía, y desarrollaron la teoría marxista como arma de lucha del proletariado para liberarse de la explotación capitalista mediante el trabajo asalariado.
En una de sus obras iniciales “El Manifiesto Comunista” se describen las condiciones de la explotación del hombre por el hombre en la sociedad burguesa y establecen como tarea fundamental del proletariado la socialización de los medios de producción para liberar a los trabajadores de la explotación asalariada y eliminar las diferencias de clase propias de la sociedad capitalista.
Para Ernesto (Che) Guevara, el Socialismo era la abolición de la explotación del hombre por el hombre: “No hay otra definición del socialismo, válida para nosotros, que la abolición de la explotación del hombre por el hombre. Mientras esto no se produzca, se está en el período de construcción de la sociedad socialista y, si en vez de producirse este fenómeno, la tarea de la supresión de la explotación se estanca o, aún, retrocede en ella, no es válido hablar siquiera de la construcción del socialismo.”
Ernesto (Che) Guevara, Argel, 24 de Febrero de 1965
Discurso en el Segundo Seminario Económico de Solidaridad Afroasiática

Sin la más amplia participación democrática de todo el pueblo es imposible el desarrollo del socialismo.

Democracia participativapng“la tarea histórica del proletariado cuando toma el poder es la de sustituir la democracia burguesa por la democracia socialista, y no la de suprimir toda democracia”.
“… dirigen sólo una docena de cabezas pensantes, y de vez en cuando se invita a una élite de la clase obrera a reuniones donde deben aplaudir los discursos de los dirigentes, y aprobar por unanimidad las mociones propuestas. En el fondo, entonces, una camarilla. Una dictadura, por cierto: no la dictadura del proletariado sino la de un grupo de políticos, es decir, una dictadura en el sentido burgués, en el sentido del gobierno de los jacobinos,
Rosa Luxemburgo

La experiencia histórica ha demostrado fehacientemente que sin la participación consciente de toda la sociedad no es posible desarrollar el socialismo. Hasta el presente, todos los intentos por construir una sociedad sin clases sociales antagónicas, sin la explotación del hombre por el hombre, donde todos los ciudadanos tengan la posibilidad real de solucionar sus necesidades materiales y espirituales mediante sus esfuerzos personales gracias a las condiciones creadas por la sociedad en su conjunto, han fracasado.
Una de las causas fundamentales del fracaso de todos los intentos de construir una sociedad socialista ha sido la falta de participación del pueblo trabajador en la dirección de esos procesos. En todos ellos se despojó de la propiedad de los medios de producción a la burguesía y se pasaron al control del estado, el estado fue controlado por el partido, todo el poder recayó en unas pocas manos, los miembros del Comité Central, pero este era dirigido por unos pocos miembros del Buró Político, y este a su vez, en casi todos los casos fue controlado por el Secretario General del Partido, que además ocupaba los cargos de Presidente del Gobierno, Primer Ministro y Jefe de las Fuerzas Armadas. La clásica división en tres poderes de las repúblicas burguesas fue sustituida por un poder monolítico que los controlaba a los tres. Las reales o supuestas amenazas externas fueron las justificaciones utilizadas para tal centralización del poder en tan pocas manos. La supuesta dictadura del proletariado se convirtió en la dictadura de una nueva clase, la burocracia, que garantizó su conservación y reproducción mediante las Constituciones y las leyes electorales que regulaban la “elección” de todos los cargos electivos del país, desde el Presidente hasta los concejales o delegados de los municipios. De esa manera, los trabajadores y el pueblo en general, no tenía posibilidad alguna de elegir a quienes representaran sus intereses y defendieran sus derechos.
La falta de participación popular en la vida de esas naciones facilitó la corrupción administrativa, el nepotismo, los privilegios, el soborno, las arbitrariedades, el despotismo, la represión -que alcanzó en algunos casos el exterminio de miles de personas inocentes-, etc.
En todos los países que se proclamaron socialistas el estado asumió como dueño los medios de producción y mantuvo a la clase obrera en la misma condición que en el capitalismo como obreros asalariados, pero sin derechos a reclamos salariales, huelgas o cualquiera acción en defensa de sus derechos laborales. En realidad en todos aquellos países lo que se desarrolló fue un Capitalismo Monopolista de Estado, con visos de feudalismo y de fascismo en algunos de ellos. Por todas esas, y otras muchas razones, a fines de los 80 y principios de los 90 del siglo pasado, los mal llamados países socialistas del este europeo retornaron al capitalismo con la aceptación ampliamente mayoritaria de sus pueblos, porque ellos no eran los protagonistas de aquellas sociedades.
Sin la más amplia participación democrática de los trabajadores y de toda la sociedad en la toma de decisiones, en la planificación, control y distribución de los recursos y sobre todo en la elección de todos los cargos de gobierno y de la administración de las empresas socialistas, cooperativas y autogestionadas, es imposible el triunfo del socialismo a escala mundial.

El cooperativismo y la autogestión obrera son las formas de producción propias del Socialismo

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Cada formación social se caracteriza por sus relaciones de producción y un determinado grado de desarrollo histórico de las fuerzas productivas materiales. Han existido relaciones de producción primitivas, esclavistas, feudales, y capitalistas, correspondientes a la sociedad primitiva, la sociedad esclavista, la sociedad feudal y la sociedad capitalista. A cada una de ellas corresponden diferentes formas de división social del trabajo y de propiedad de los medios de producción.
Para Carlos Marx las clases sociales están determinadas por las relaciones de producción, por la forma en que los hombres producen mercancías. En el seno de las relaciones de producción, el papel que ocupa cada individuo está determinado por la división del trabajo, es decir, aquellos que desarrollan una misma actividad -y por tanto están sometidos a idénticas condiciones- conforman una clase social según el lugar que ocupan en el proceso de producción de la riqueza. Unos la producen y otros se apropian de una porción de la misma. De esa relación no cabe esperar sino el antagonismo y la hostilidad entre explotados y explotadores.
A lo largo de la historia siempre ha habido clases enfrentadas. En las sociedades esclavistas fueron antagónicos los propietarios libres y los esclavos; en el seno de la sociedad feudal estamental el enfrentamiento se estableció entre nobles y eclesiásticos por un lado y siervos por el otro. En el seno de la sociedad capitalista ocurre igual: la lucha de clases es protagonizada por la burguesía, propietaria de los medios de producción y por el proletariado que, al disponer únicamente de su fuerza de trabajo, se ve obligado a venderla a cambio de un salario que escasamente sirve para satisfacer la supervivencia.
En el socialismo, al socializarse los medios de producción, deben desaparecer las clases sociales porque los medios fundamentales de producción pertenecen a toda la sociedad, donde todos sus miembros son a la vez dueños colectivos y productores. Tanto la propiedad como la producción son sociales, no existe, como en el capitalismo, la propiedad privada de los medios de producción y la explotación del trabajo asalariado.
En el socialismo se desarrollan las formas autogestionarias de producción, principalmente el cooperativismo y la autogestión obrera, En el socialismo son los propios obreros, campesinos, técnicos y profesionales los que planifican, administran y controlan la producción, asociados en cooperativas o mediante la autogestión de fábricas y empresas de servicios.
Las cooperativas de primer grado se asocian local y regionalmente con las del municipio y de la provincia de manera mutuamente beneficiosa para la producción combinada, la comercialización de sus producciones, la importación y el mejor aprovechamiento de materias primas y la exportación de partes, componentes y productos terminados.
La producción social es superior a la producción de tipo capitalista porque cada obrero, técnico o profesional de una cooperativa o de una fábrica o empresa autogestionada se reconoce como dueño responsable que vela por la productividad del trabajo, el ahorro de materias primas y de recursos energéticos. En las cooperativas y empresas autogestionadas por sus trabajadores existe una plena democracia donde la máxima autoridad es la Asamblea General de Trabajadores, la que elige a los responsables de la dirección, la que aprueba los planes de producción, los mantenimientos y ampliaciones, la cuantía de los pagos parciales a cada uno de sus miembros y la periodicidad de la distribución de las ganancias. Es la Asamblea de cooperativistas o de obreros de las empresas autogestionadas la que aprueba las normas disciplinarias y resuelve los problemas que se presenten.
Las cooperativas y las empresas autogestionadas tienen responsabilidades sociales en la comunidad, el municipio y la nación a las que entregan el porciento de sus ganancias que fijan las leyes y contribuyen al mantenimiento del medio ambiente natural, las aguas, la higiene y el embellecimiento de su entorno como parte integrante de su comunidad.
La producción de las cooperativas y empresas autogestionadas están dirigidas a satisfacer las crecientes necesidades locales, regionales y nacionales, para ello no las mueve el afán de lucro sino la satisfacción de cumplir con su deber social como parte integrante de la sociedad socialista.

Sin la socialización de los medios de producción no hay socialismo.

SPD
El primero en introducir el concepto —aunque no el término— al vocabulario socialista parece ser Robert Owen, quien, a partir de sus experiencias en New Lanark, propuso, en 1813, que la participación de los trabajadores en la administración de empresas y repartición de ganancias llevarán no solo a un mejoramiento del carácter (moral y social) de los trabajadores sino también a un incremento en la producción. En consecuencia Owen propuso que la producción general debería efectuarse a través de cooperativas de producción.
La socialización de los medios de producción, es el proceso de estructuración de la economía sobre bases socialistas mediante el establecimiento de un sistema de producción para su uso social, en lugar de organizar la producción para el beneficio privado, eliminando las leyes del capitalismo. La propiedad social de los medios de producción puede ser comunitaria o cooperativa.
La socialización no se extiende a los bienes de consumo y/o pertenencias personales, ni impide la obtención de ganancias derivadas del esfuerzo personal. La socialización de los medios de producción significa la abolición del derecho de propiedad privada y de la gestión privada de las fábricas, medios de transporte, minas, almacenes, comercios, hospitales, escuelas, universidades, hoteles, etc. La propiedad privada de la tierra, en nuestro caso, se limitaría a la que puedan hacer producir el dueño y sus familiares, en ningún caso sería mayor de 60 Ha. La extensión de las tierras gestionadas por las cooperativas o comunas se correspondería al número de asociados de las cooperativas o de comuneros, ya que salvo condiciones excepcionales no se podría emplear el trabajo asalariado.
El objetivo de socializar los medios de producción es el de transferir los procesos económicos al control de la sociedad a fin de lograr la libertad del ser humano. El trabajador no puede ser libre a menos que pueda controlar su destino, para poder desplegar la capacidad colectiva de los seres humanos. En ese sentido, se puede afirmar que la socialización es el proceso opuesto a la enajenación.
La historia reciente ha demostrado que la estatización de los medios de producción no es sinónimo de socialización y por tanto no garantiza ventajas iguales que la socialización.
El Congreso de la Asociación Internacional del Trabajo (Primera Internacional) en 1868 – aceptó definitivamente la idea de socialización al pronunciarse claramente en favor del colectivismo industrial, entendido como propiedad ejercida por las cooperativas de producción y no como propiedad estatal. En lo concerniente a la agricultura se dispuso una solución parecida: la tierra sería poseída por las comunidades locales y la cultivarían los trabajadores afiliados en cooperativas agrícolas. El congreso se esforzó en señalar el peligro de que las cooperativas tomaran formas capitalistas, y se subrayó que el objeto de éstas era arrebatar los instrumentos de producción de las manos de los potentados para devolverlos a los obreros, quienes eran sus legítimos propietarios.
Marx y Engels continúan con esa percepción general en su visión de la socialización pero, en su opinión, en lugar de ser un proceso que depende de la consciencia humana o social, es una parte integral del proceso productivo general, y que conduce inexorablemente al reconocimiento por parte de la sociedad del carácter social de la economía y sus procesos y elementos:”… esas fuerzas productivas en sí mismas tienden, con creciente energía, a la remoción de las contradicciones existentes, a su abolición de su calidad como capital, al reconocimiento práctico de su carácter como fuerzas sociales de producción».
La “centralización” o acumulación -primero en grandes empresas de asociación y después en manos del Estado- es un paso esencial -en la opinión de Marx- hacia el desarrollo de la socialización de los medios a través del desarrollo del capitalismo que termina en el socialismo. Esto implica que estatización no es, ni puede ser considerada, una medida socialista. Marx introduce explícitamente una diferencia entre propiedad del Estado y propiedad de la sociedad: “Finalmente, el comunismo es la expresión positiva de la anulación de la propiedad privada -primero como propiedad privada universal… “. Engels es aún más específico: “Ciertamente, si la nacionalización de la industria del tabaco fuese socialismo, habría que incluir entre sus fundadores a Napoleón y a Metternich”.
Las medidas prácticas que Marx y Engels sugieren son la completación de la “socialización capitalista”, concentrando en manos del Estado la propiedad de los medios de producción, es decir: posesión, planificación y control de la tierra, capital y las finanzas, incluyendo alocación, organización y distribución “ con arreglo a un plan colectivo” “Tan pronto como, en el transcurso del tiempo, hayan desaparecido las diferencias de clase y toda la producción esté concentrada en manos de la sociedad, el Estado perderá todo carácter político. El Poder político no es, en rigor, más que el poder organizado de una clase para la opresión de la otra. El proletariado se ve forzado a organizarse como clase para luchar contra la burguesía; la revolución le lleva al Poder; mas tan pronto como desde él, como clase gobernante, derribe por la fuerza el régimen vigente de producción, con éste hará desaparecer las condiciones que determinan el antagonismo de clases, las clases mismas, y, por tanto, su propia soberanía como tal clase. Y a la vieja sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, sustituirá una asociación en que el libre desarrollo de cada uno condicione el libre desarrollo de todos.”
Se ha sugerido que persiste una confusión entre la culminación del desarrollo de la “socialización capitalista” y la transformación de tal socialización en socialismo debido a que Marx efectuó un análisis inadecuado o que falló en delinear precisamente el quien y como llevaría a cabo ese “plan colectivo”. Marx pensaba que bastaría que se eliminara la propiedad individual para que el interés privado desapareciera y el social se hiciera universal. Sin embargo —se ha alegado— no percibió que una vez que la propiedad privada hubiese desaparecido, iba a adquirir importancia capital la cuestión del control político de las relaciones sociales. Y entonces el problema del socialismo iba a pasar a ser una cuestión de democracia, como ocurrió en la práctica, porque el pueblo trabajador no se sintió dueño colectivo de los medios de producción al permanecer como obreros asalariados del estado y no desarrollarse los mecanismos democráticos que les permitieran ejercer directamente el poder.

Socialismo participativo, democrático y autogestionario.

SPD
El socialismo es participativo, democrático y autogestionario o no es socialismo. El socialismo es el sistema de producción y de gobierno de los trabajadores libres asociados, libres de la explotación asalariada y asociados en cooperativas o en empresas autogestionadas. En el socialismo desaparecen las clases sociales porque todos los miembros de la sociedad tienen iguales derechos y deberes, todos son dueños de los medios de producción y todos trabajan para sus colectivos y para el bienestar de la sociedad en su conjunto.
En el socialismo, al desaparecer la propiedad individual de los medios de producción, no se trabaja para la obtención de riquezas individuales, el interés de todos los trabajadores es la satisfacción de las necesidades de los colectivos laborales de las cooperativas y de las empresas autogestionadas. Nadie puede hacerse rico a expensas de la explotación del trabajo de los demás. Los éxitos productivos de las empresas socialistas benefician por igual a todos sus trabajadores y una parte las ganancias se entrega a la comunidad para el mantenimiento de los servicios de salud, educación, seguridad ciudadana, mantenimiento y limpieza de las ciudades y pueblos, de las calles, carreteras y caminos, la iluminación pública y la seguridad social que protegerá a todas las personas con limitaciones físicas y mentales y a todos los trabajadores que alcanzan la edad de jubilación.

Luchadores por el socialismo: Rosa Luxemburgo

Rosa Luxemburgo
Su nombre en alemán es Rosa Luxemburg, en polaco Róża Luksemburg, pero es más conocida por su nombre castellanizado Rosa Luxemburgo.
Nació el 5 de marzo de 1871 en Zamość, cerca de Lublin, en la Polonia entonces controlada por el Imperio ruso, en el seno de una familia de origen judío. Murió asesinada el 15 de enero de 1919 (47 años) en Berlín, República de Weimar.
Al mudarse a Varsovia, Rosa asistió a un liceo femenino (Gymnasium) desde 1880. Incluso a esa edad tan temprana, Rosa aparece ya como miembro del partido polaco izquierdista «Proletariat» desde 1886. Este partido se fundó en 1882, 20 años después de la aparición de los partidos obreros en Rusia, e inició su actividad política con la organización de una huelga general, tras la cual el partido fue desbaratado y cuatro de sus líderes condenados a pena de muerte. Algunos de sus miembros consiguieron reagruparse en secreto, uniéndose Rosa a uno de estos grupos.
En 1887 Rosa terminó la educación secundaria con un buen expediente, pero tuvo que huir a Suiza en 1889 para evitar su detención. Allí asistió a la Universidad de Zurich junto a otras figuras socialistas, como Anatoli Lunacharski y Leo Jogiches, Rosa estudió en ella matemáticas y ciencias naturales (una de sus grandes pasiones que no pudo cultivar como quiso), luego estudió en la Facultad de Derecho y en 1897 consiguió el doctorado en ciencias políticas con una tesis sobre El desarrollo económico de Polonia (publicada en Leipzig en 1898). Sus áreas de especialización fueron la teoría del Estado, la Edad Media y las crisis económicas y de intercambio de stock.
En 1890, la ley de Bismarck que prohibía la socialdemocracia fue derogada, lo cual permitió que un legalizado Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) consiguiera escaños en el Reichstag. Una vez en él, y a pesar de su discurso comunista, los miembros socialistas del parlamento centraron su labor cada vez más en la obtención de ventajas parlamentarias y en su enriquecimiento personal.
Rosa Luxemburgo, por el contrario, se mantuvo en sus principios marxistas. En 1893, junto a Leo Jogiches y Julian Marchlewski (alias Julius Karski), fundaron el periódico La causa de los trabajadores (Sprawa Robotnicza), oponiéndose a las políticas nacionalistas del Partido Socialista Polaco. Rosa Luxemburgo creía que una Polonia independiente solo podía surgir tras una revolución comunista en Alemania, Austria y Rusia. Mantenía que la lucha debía focalizarse en contra del capitalismo, y no en la consecución de una Polonia independiente.
Junto con Leo Jogiches fundó el Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia (SDKP), que posteriormente se convertiría en el Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia y Lituania (SDKPiL) al unirse a la organización socialdemócrata de Lituania. A pesar de vivir durante la mayoría de su vida adulta en Alemania, Rosa Luxemburgo permanecía como la principal teórica de la socialdemocracia polaca, liderando el partido junto a Jogiches, su principal organizador.
Militó activamente en el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), hasta que en 1914 se opuso radicalmente a la participación de los socialdemócratas en la I Guerra Mundial, por considerarla un “enfrentamiento entre imperialistas”. Integró entonces el grupo internacional que en 1916 se convirtió en la Liga Espartaquista, grupo marxista que sería el origen del Partido Comunista de Alemania (KPD). Al terminar la guerra fundó el periódico La Bandera Roja, junto con el alemán Karl Liebknecht. Sus libros más conocidos, publicados en castellano, son Reforma o Revolución (1900), Huelga de masas, partido y sindicato (1906), La Acumulación del Capital (1913) y La revolución rusa (1918), en el cual critica constructivamente a la misma y sostiene que la forma soviética de hacer la revolución no puede ser universalizada para todas las latitudes.
Tomó parte en la frustrada revolución de 1919 en Berlín, aun cuando este levantamiento tuvo lugar en contra de sus consejos. La revuelta fue sofocada con la intervención del ejército y la actuación de los freikorps o “cuerpos libres” (grupos de paramilitares reclutados entre los excombatientes recién desmovilizados y pagados por los industriales y banqueros). A su término, cientos de personas, entre ellas Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, fueron encarceladas, torturadas y asesinadas por dichos grupos.
Tanto Rosa Luxemburgo como Karl Liebknecht poseen una gran carga simbólica en el marxismo. Actualmente, un domingo a mediados de enero se celebra, cada año, en Berlín, el día de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, en recuerdo del asesinato de los dos dirigentes comunistas el 15 de enero de 1919.
Rosa Luxemburgo apoyó la Revolución de Octubre dirigida por Lenin en Rusia pero criticó la dictadura establecida en Rusia por los Bolcheviques dirigido por Vladimir Ilich Ulianov (Lenin). Los métodos empleados por el Partido Bolchevique, criticados por Rosa, condujeron al cabo de 72 años a la disolución del Partido Comunista Ruso, el desintegración de la URSS y el retorno al capitalismo en todas las naciones que la integraban.
A continuaciones algunas de las ideas expuestas por Rosa Luxemburgo sobre el socialismo:
“El fundamento de la sociedad socialista reside en el hecho de que la gran masa trabajadora cesa de ser una masa regimentada, llevando y regulando ella misma toda la vida política y económica, de acuerdo con una libre y consciente autonomía.”
“Si el proletariado no elige sus propios conductores y resguarda celosamente su autonomía frente a ellos, está perdido. El conductor es un mero órgano de dilucidación y ejecución de las intuiciones y la voluntad de las masas, o deviene inevitablemente su Judas. Por eso es que la lucha por esclarecer el sentido de autonomía y responsabilidad de las masas, es el primer paso indispensable hacia su liberación.”
“No es partiendo de la disciplina impuesta por el Estado capitalista al proletariado – en el cuartel, en la fábrica, etc – sino extirpando hasta la última raíz estos hábitos de obediencia y servilismo, como la clase obrera podrá adquirir el sentido de autodisciplina libremente consentida”.
“… dirigen sólo una docena de cabezas pensantes, y de vez en cuando se invita a una élite de la clase obrera a reuniones donde deben aplaudir los discursos de los dirigentes, y aprobar por unanimidad las mociones propuestas. En el fondo, entonces, una camarilla. Una dictadura, por cierto: no la dictadura del proletariado sino la de un grupo de políticos, es decir, una dictadura en el sentido burgués, en el sentido del gobierno de los jacobinos … Sí, podemos ir aún más lejos, esas condiciones pueden causar inevitablemente una brutalización de la vida pública…”
“Los instintos sociales en lugar de los egoístas, la iniciativa de las masas en lugar de la inercia, el idealismo que supera todo sufrimiento, etc. Nadie lo sabe mejor, lo describe de manera más penetrante, lo repite más firmemente que Lenin. Pero está completamente equivocado en los medios que utiliza. Los decretos, la fuerza dictatorial del supervisor de fábrica, los castigos draconianos, el dominio por el terror, todas estas cosas son sólo paliativos. El único camino al renacimiento pasa por la escuela de la misma vida pública, por la democracia y opinión pública más ilimitadas y amplias. Es el terror lo que desmoraliza”
“Lo negativo, la destrucción, puede decretarse; lo constructivo, lo positivo, no. Territorio nuevo. Miles de problemas. Sólo la experiencia puede corregir y abrir nuevos caminos. Sólo la vida sin obstáculos, efervescente, lleva a miles de formas nuevas e improvisaciones, saca a la luz la fuerza creadora, corrige por su cuenta todos los intentos equivocados. La vida pública de los países con libertad limitada está tan gobernada por la pobreza, es tan miserable, tan rígida, tan estéril, precisamente porque, al excluirse la democracia, se cierran las fuentes vivas de toda riqueza y progreso espiritual”
“todo lo que es instructivo, totalizador y purificante en la libertad política depende de esta característica esencial,-que todos puedan hablar y criticar- y su efectividad desaparece tan pronto como la “libertad” se convierte en un privilegio especial”.
“Todo esto prueba que el mecanismo pesado de las instituciones democráticas posee un corrector poderoso en el movimiento vivo de las masas y en la presión ininterrumpida que éstas aplican, y cuanto más democrática sea la institución y cuanto más vivo y poderoso el pulso de la vida política de las masas, tanto más inmediato y exacto es el efecto de la acción, a pesar de los emblemas de partido, las listas electorales envejecidas, etc. Por supuesto, toda institución democrática tiene sus límites y sus defectos, igual que toda institución humana, lo que sucede es que el medicamento que han encontrado Lenin y Trotsky, esto es la supresión de la democracia, es aún peor que el mal que pretenden curar, puesto que en realidad sepulta el manantial vivo que permite corregir todas las insuficiencias natas de las instituciones sociales, es decir, la vida política activa, libre y enérgica de las masas populares más amplias.” “la tarea histórica del proletariado cuando toma el poder es la de sustituir la democracia burguesa por la democracia socialista, y no la de suprimir toda democracia”.
“La libertad solo para los partidarios del gobierno, solo para los miembros de un partido, por numerosos que ellos sean, no es libertad en absoluto, la libertad es siempre para el que piense diferente. Sin elecciones generales, sin una libertad de prensa y una libertad de reunión ilimitadas, sin una lucha de opiniones libres, la vida vegeta y se marchita en todas las instituciones públicas y la burocracia llega a ser el único elemento activo.”
“La abolición de la ley del capital, la implantación de un orden social socialista, esto, y nada más, es el tema histórico de la presente revolución. Es una formidable empresa, que no puede desarrollarse en un abrir y cerrar de ojos simplemente mediante decretos desde arriba. Sólo puede llevarse a cabo a través de la acción consciente de las masas trabajadoras en la ciudad y en el campo, sólo mediante la más alta madurez intelectual y un inmarchitable idealismo puede ser conducida seguramente a través de todas las tempestades hasta arribar a buen puerto.”

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