Causas del fracaso del Estalinismo o Marxismo-Leninismo, como falso modelo de Socialismo

El Estalinismo o Marxismo-Leninismo desarrollado en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) por Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, más conocido como Iósif Stalin o simplemente Stalin, quien aun antes de la muerte de Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) ya había asumido el nuevo cargo, creado por él mismo, de Secretario General Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y aunque Lenin comprendió el peligro que significaba, para el futuro del PCUS y de la URSS, nada pudo hacer para evitarlo debido a su enfermedad.

Las características del sistema Estalinista son:

  • Gobierno autocrático y totalitario con fuerte culto a la personalidad.
  • Capitalismo Monopolista de Estado.
  • Sistema de partido único y “elecciones” donde todos los candidatos son designados por el Partido.
  • Monopolio estatal de todos los medios masivos de comunicación.
  • Fuerte centralismo en la disciplina de partido, todo el partido se subordina al Secretario General.
  • Nacionalización y colectivización forzada de la tierra, mediante los (Sovjoses), granjas administradas por el Estado.
  • Construcción de una «economía planificada», dirigida por el Estado mediante planes quinquenales elaborados y controlados centralmente.
  • La industrialización acelerada con el objetivo de construir las infraestructuras necesarias, priorizando la industria pesada sobre la de medios de consumo.
  • Propiedad estatal de casi todos los medios de producción del país.
  • Control absoluto de la importación y exportación.
  • El estado controla centralmente el comercio interno, con la excepción de los pequeños productores agrícolas que podían venderlas a los precios fijados por el Gobierno Central.
  • Los planes de producción de las Empresas Estatales “Socialistas” y sus insumos eran establecidos centralmente por el Gobierno.
  • Los precios son establecidos centralmente sin tener en cuenta las leyes del mercado.
  • Todas las utilidades o pérdidas de las Empresas estatales son asumidas centralmente por el estado.
  • Los salarios son fijados centralmente por el estado.
  • Solo el estado puede tener trabajadores asalariados.
  • Todos los dirigentes políticos y de las organizaciones sociales son designados centralmente, de arriba abajo, por lo que todos responden al nivel superior que les designa.
  • Todos los gobiernos regionales dependen de las asignaciones y directivas del nivel central de gobierno, sin ninguna autonomía.
  • Todas las organizaciones sociales están controladas por el Partido.
  • La Cheká y posteriormente la KGB controlan a todos los ciudadanos del país y los permisos necesarios para poder viajar al exterior.
  • Represión brutal contra todos los opositores.

El excesivo centralismo, la imposibilidad de ejecutar adecuadamente los planes de producción, la corrupción administrativa de la Burocracia Dirigente, los privilegios, la baja productividad de los trabajadores industriales y agrícolas, la falta de controles administrativos eficientes, unido al excesivo gasto de la carrera armamentista, la ayuda internacional para mantener en el poder a regímenes afines, con peores condiciones materiales y con iguales ineficiencias administrativas, la intervención en guerras a favor de sus aliados (China, Corea, Vietnam, Afganistán) provocó un estancamiento de la economía y una enorme deuda externa con los países capitalistas desarrollados, los enormes gastos en la carrera espacial, etc., fueron las causas del mantenimiento de un bajo nivel de vida de los trabajadores y del pueblo en general.

Durante los gobiernos de Leonid Brézhnev, Yuri Andrópov y Konstantín Chernenko la situación económica y social de Unión Soviética mantuvo un bajo desempeño económico y debilitamiento de la férrea tiranía Estalinista, cuando asume la dirección del Partido y del país Mijaíl Gorbachov trata de salvar el socialismo con sus políticas de reconstrucción (perestroika) y liberalización, apertura, transparencia (glásnost), pero el partido, no dispuesto a perder sus privilegios se resiste a los cambios y por último, el 19 de agosto de 1991 se produjo un intento de golpe de Estado de tendencia involucionista a manos de un grupo de altos funcionarios del PCUS, del gobierno y la KGB. Este intento fue detenido por la fuerza del movimiento encabezado por el presidente de la RSFS de Rusia Borís Yeltsin, quien, después del fracasado golpe de Estado, tomó la decisión de ilegalizar el PCUS y de decretar la nulidad de la anexión de las repúblicas bálticas. Cada vez más debilitado políticamente, sobre todo a raíz de la acción política de Borís Yeltsin, Gorbachov tuvo que dimitir de su cargo de secretario general del PCUS y disolver al Comité Central.

El 25 de diciembre de 1991 se disolvió oficialmente la Unión Soviética y, como consecuencia de la negativa de los presidentes de las Repúblicas de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) de reconocer los órganos de poder central, Mijail Gorbachov optó por dimitir de su cargo de presidente de la URSS, con lo que puso término oficialmente a la Unión Soviética y al régimen Estalinista.

Relaciones históricas entre el mal llamado «Socialismo» y el fascismo

El sistema fascista no terminó en la segunda guerra mundial, siguió vivo en España con Franco, además existieron gobiernos militares de corte Fascista en Latinoamérica en la segunda mitad del siglo XX, pero tenemos que entender algo, la forma de dominio sobre la Sociedad que adquirieron los lideres fascistas de la segunda Guerra Mundial fueron copia del modelo estalinista de la Unión Soviética, ese sistema tiene mucha responsabilidad en el surgimiento del fascismo y del nazismo, veremos los hechos: 

1- El partido de Hitler era Nacional Socialista.

2- El sistema de control Social de un único partido en el poder, respaldado por un sistema político encargado de crear una sola militancia en los niños y los jóvenes, a los cuales se le inculca la ideología de ese único partido desde la niñez, con una verticalidad extrema es obra del Estalinismo, mucho antes de que surgieran estos regímenes Fascistas.

3- El sistema de control total sobre la vida de las personas aplicado sobre todo por Hitler y Mussolini, con un bombardeo constante de información siempre filtrada, sin dar opción a otras formas de información y comunicación que no estuvieran bajo control del gobierno es obra creativa del Estalinismo de Lenin y Stalin.

4- Las formas de aniquilación masiva de personas (campos de concentración) fueron un invento del Estalinismo, en los gulags de la Siberia Rusa mucho antes de la creación de los mismos en la Europa de Hitler, ya Stalin formaba diariamente miles de prisioneros mal abrigados y los mandaba a trabajar a la intemperie de 30 grados bajo cero, a las dos horas había muerto la mayoría, los alemanes solo perfeccionaron este sistema, pero no lo inventaron. Los dos más grandes genocidas de la historia moderna fueron Stalin y Mao cada uno de ellos asesinó o dejó morir de hambre e inanición a más de 10 millones de personas por motivos políticos.

5- El sistema de la necesidad de un documento de permiso gubernamental para poder salir del país fue también un invento del Estalinismo.

Llego a tal extremo la identificación de los dos Sistemas que una de las frases más famosas de Stalin cuando estaba de luna de miel con Hitler fue refiriéndose al segundo- “mirad a ese hombre, es digno de admiración, el sí sabe cómo tratar a sus enemigos, aprendió de nosotros, pero es mucho mejor”- como dice mi abuelo a confesión de partes… Bueno tenía más razones para estar feliz con Hitler, el acuerdo de no agresión con Alemania (Pacto Ribbentrop-Mólotov) le permitió un viejo sueño antes siempre frustrado por la resistencia heroica de esos pueblos a la ocupación extranjera, le permitió anexarse los estados bálticos, la mitad de Polonia, parte de Tesaria y de Bucovina del Norte (actualmente Rumania), pero para su desgracia el punto de la discordia estaba presente, Finlandia, ahí si Hitler no iba a ceder y ese fue el detonante de la Gran Guerra Patria. Le lanzo una pregunta a los demás, que es más imperialista en su esencia el Estalinismo o el capitalismo (antes de responder analicen de donde viene la palabra (viene de imperio, según el diccionario es el poder centralizado en la figura omnipotente de un solo hombre ejercida hasta su muerte, que gobierna los destinos de todo un pueblo o grupo de pueblos) puede tener además Congreso, Senados o Parlamento, pero estos siempre estarán bajo el domino de esta única persona (recordemos que el imperio Romano tenía un senado).

Resumiendo: Desgraciadamente el Estalinismo, como sistema social le dio las herramientas a los fascistas, recordemos que el Estalinismo empezó en el 1917 y el Fascismo 10 años después, el Estalinismo creó el extremismo de izquierda, ellos solo lo viraron a la derecha, copiaron sus métodos de control social, de dominación vertical, pero lo más llamativo, cuando el Fascismo fue aniquilado como método de gobierno en el planeta después de terminada la segunda guerra mundial, el Estalinismo ya como Sistema Social siguió perfeccionando esos métodos de control, claro como no podía ser de otra forma, estos mismos métodos agotaron al propio modelo, lo llevaron a su propia destrucción en Europa Oriental y a la destrucción de la URSS, el sueño de imperio de Stalin se vino abajo como castillo de naipes, hoy solo quedan dos países con ese tipo de control férreo, uno de ellos (Corea del Norte) se sostiene solo porque es interés geopolítico Chino dado el lugar donde está enclavado, pero tiene cifras de hambre y subdesarrollo semejantes a las de Haití y los países africanos más atrasados, tiene 20 millones de personas viviendo en total miseria (revisar cualquier duda las estadísticas de la ONU).

Todavía se mantienen con ese sistema de partido único y dominación absoluta de su población: China, Vietnam, Corea del Norte, Cuba, Laos, Reino de Camboya que mantienen muchas características comunes a los de los regímenes fascistas: partido único, control de los medios de información, controles de la salida del país, monopolio sobre los medios de producción, control del mercado externo e interno, represión a quienes tienen diferencias políticas e ideológicos con el partido gobernante, explotación asalariada, típica del sistema capitalista, salarios paupérrimos y control arbitrario de los precios de los alimentos y todos los artículo importados o producidos en el país necesarios para la vida moderna, ausencia de democracia, elecciones con candidatos seleccionados por el partido, aplicación de la pena de muerte para los opositores que realicen acciones contrarias al gobierno, ignorar la soberanía del pueblo al no darle participación en la toma de decisiones en asuntos fundamentales para la economía, la política, la organización social, etc.

 

Una visión del Socialismo Participativo y Democrático posible en Cuba

El enemigo a vencer en el Socialismo es la explotación asalariada y no la iniciativa o la Libertad de los ciudadanos. ¿Podría ser compatible el Socialismo con las libertades individuales?

José Fernández Cambas | Cuba | 12-11-2011 a las 17:32 | 658 lecturas | 52 comentarios

http://www.kaosenlared.net/noticia/vision-socialismo-participativo-democratico-posible-cuba-1

En el Socialismo, el trabajador, ya sea manual o intelectual debería de ser LIBRE de integrarse en y a cualquier forma de Producción, prestación de servicios, sociedad, creación artística, etc.; ya sea como parte de un colectivo o de forma individual como un especialista independiente. El verdadero enemigo a vencer en el Socialismo es la explotación asalariada y no la iniciativa o la Libertad de los ciudadanos.

En el Socialismo, cualquier forma de Sociedad Productiva o de Servicios legalmente establecida, es una entidad jurídica y económica, integrada por personas libremente asociadas; que usufructúa en Propiedad o arrendamiento (pagan una renta por usar esos medios), determinados Medios de Producción, que no pertenecen a un dueño individual sino a todo el colectivo de personas asociadas.

Desde nuestro punto de vista, el objetivo más importante a lograr en el Socialismo es la Socialización de los Medios de Producción y, de esta forma, romper la base sobre la que se sustenta la explotación asalariada.

Pero, ¿de qué forma podemos conciliar Socialización de los Medios de Producción con Liberación de las Fuerzas Productivas?; ¿acaso podría ser compatible el Socialismo con las libertades individuales?

Pensamos que ambos conceptos; Liberación de las Fuerzas Productivas y Socialización de los Medios de Producción son fuerzas dialécticas afines que, junto a la práctica de una Democracia Directa Participativa y el Empoderamiento Ciudadano, deberían actuar como motor impulsor del Desarrollo Humano en el Socialismo.

A mayor Socialización, mayor Libertad de las Fuerzas Productivas y, a Mayor Libertad de las Fuerzas Productivas, Mayor Libertad Individual. (Y mejor nivel de vida para el pueblo trabajador)*

A mayor Empoderamiento Ciudadano ejercido desde una Democracia Directa, Mayor Conciencia Social.

Constituyendo ambas partes un balance dialéctico; A<->B que se impulsan una a otra en el camino del Desarrollo Humano.

Para los que gustan de las fórmulas, podrían desarrollar una con los siguientes factores:

A) Socialización

B) Libertad de las Fuerzas Productivas

C) Empoderamiento Ciudadano

D) Democracia Directa

Cuyo resultado fuera = Desarrollo Humano… ¡Pensemos! (S+L+E+D= SPD)*

Esta visión es contrapuesta a la esencia liberal del Capitalismo; a Mayor Competencia, mayor Concentración de la Propiedad; a Mayor Concentración de la Propiedad, Mayor Concentración de la Riqueza; a Mayor Concentración de la Riqueza, menor Libertad de las Fuerzas Productivas.

Está claro que el Capitalismo neo liberal promueve a nivel de individuo la competitividad y la iniciativa empresarial con el aparente objetivo de crear “oportunidades” a todas las clases de la sociedad, pero no debemos confundirnos; en primer lugar la inmensa mayoría de esos negocios son pequeños negocios familiares con una altísima tasa de fracasos, sin una verdadera política de desarrollo integral, con préstamos a tasas leoninas y, el verdadero objetivo tras estos “programas” es incentivar el Consumo de los productos desarrollados por las grandes compañías.

El resultado de esta filosofía “competitiva” neo liberal está a la vista de todos, una carrera demente de consumismo, mantenida por el despilfarro absurdo de los Recursos Naturales a costa de la destrucción del Medio Ambiente; que nos mantiene inmersos en una Crisis Sistémica permanente, Crisis que solo genera Concentración de la Propiedad, concentración de la riqueza y mayor esclavitud asalariada.

Socialización de los Medios de Producción y Liberación de las Fuerzas Productivas

Evidentemente, la primera pregunta que salta a la mesa es; ¿y cómo montar el carro en los rieles de la Socialización y la Liberación de las Fuerzas Productivas?

Siento mucho respeto por Usted, por eso lo que sigue lo considero una Propuesta y no algo definitivo, aquí no pueden haber imposiciones.

Primero, por supuesto, habrá que construir las vías, los dos rieles:

1.- Socializar los Medios de Producción

2.- Liberar las Fuerzas Productivas

Retomemos el principio:

En el Socialismo, cualquier forma de Sociedad Productiva o de Servicios legalmente establecida, es una entidad jurídica y económica, integrada por personas libremente asociadas; que usufructúa en Propiedad o arrendamiento (pagan una renta por usar esos medios), determinados Medios de Producción, que no pertenecen a un dueño individual sino a todo el colectivo de personas asociadas.”

Lo que proponemos es que cada obrero o integrante del colectivo sea dueño de una parte del valor total de esos Medios de Producción (en forma de “acciones” por decirlo de una manera conocida).

Así, un obrero podría hoy ser parte de un colectivo “socializado” de cualquier forma y tamaño, en el que adquiere, al integrarse, una parte proporcional, “acción”, del valor total de los Medios de Producción de la Sociedad; y mañana podría desligarse de ella recibiendo una liquidación proporcional al valor de su “acción” en ese momento (no siempre será igual el valor inicial de esa “acción”, que el valor al momento de separarse, puede aumentar o disminuir).

Ese valor o “acción” no se le regalaría por el solo hecho de integrarse al colectivo Cooperativa o sociedad (porque los medios salieron de algún lugar, alguien tuvo que pagar por ellos en su momento). Él lo pagaría con una parte de lo que obtiene con su trabajo y, si por su aporte individual o colectivo, los medios de producción mantienen su valor, en el momento en que se desligue del colectivo recibirá el total de lo que pagó por esa participación, más una útilidad si el Valor de la Empresa o Asociación aumentó (ya sea por nuevas inversiones, mantenimiento correctivos, inventivas, etc.), o menos si los medios solo se depreciaron (cosa que ocurre de forma natural, por desgaste o obsolescencia tecnológica, etc.). (El cooperativista en una Cooperativa Socialista no posee «acciones» de la misma. Al incorporarse a una Cooperativa un trabajador no ha aportado nada, la coperativa es propiedad colectiva de todos sus socios como parte del pueblo que es el dueño de todos los medios de producción que hasta ahora ha administrado el estado mediante su burocracia. Su incorporación le da el derecho a participar de todos sus beneficios mientras trabaje en la misma y a tener asegurada la protección cuando enferme o se accidente y a su jubilación cuando termine su actividad laboral. La propiedad colectiva no se puede definir como acciones, no es transferible. Las ventajas de la producción Cooperativa es que los cooperativistas reciben una parte de los resultados de su trabajo y cuanto más rentable sea la Cooperativa más beneficios recibirán los cooperativistas, eso les estimula a trabajar más y mejor, a producir más con menos gastos, a ahorrar las materias primas y la energía, a mantener los medios de producción. El cooperativista tiene voz y voto en la elección de sus dirigentes y participa en la toma de decisiones en las asambleas generales periódicas de su Cooperativa. Los dirigentes de la Cooperativa se eligen entre todos los cooperativistas, no se los designa ni se los impone nadie ajeno a la misma.)*

Veámoslo así:

En el Socialismo, una sociedad cualquiera de Producción o Servicios, llamémosla genéricamente Cooperativa, debería tener un VALOR MEDIBLE y FLUCTUANTE, equivalente a la suma del valor de todos los medios de producción y Activos Fijos (1), más el circulante, menos los pasivos, etc. en un momento determinado.

Es decir, hoy el valor de la sociedad o Cooperativa puede ser X, y en un año (X + Y), donde Y sería el resultado del VALOR AGREGADO durante ese año por: la apreciación de los medios (nuevas inversiones, reparación, mejoras e inventivas, etc.), más lo que se haya agregado en activo fijo y circulante, menos la depreciación y los pasivos (deudas y demás). Como es lógico el valor de Y puede ser positivo o negativo (si la depreciación más las deudas y demás pasivos es superior a la apreciación, circulante y activos de la Empresa o Sociedad).

Se emitiría una cantidad FIJA de acciones (una por cada miembro de la sociedad o Cooperativa) cuyo valor total sería igual al Valor de los Medios que arriba explicamos; el valor de cada acción sería por tanto, también MEDIBLE y FLUCTUANTE.

Las “acciones” serían distribuidas entre los trabajadores (manuales o intelectuales) activos de la Sociedad Cooperativa, una por cada asociado sin importar si este es el que limpia el piso o el que maneja la maquinaria más sofisticada, dejando abierta la opción de que los miembros de la Cooperativa puedan decidir en un momento dado aumentar el número de “acciones” si necesitan integrar más miembros al colectivo (hacer crecer el colectivo).

De esta forma, la Propiedad sobre los Medios de Producción deja de ser un concepto abstracto y se convierte en un valor tangible (“acción”).

La “acción”, NO podría heredarse, venderse, traspasarse, arrendarse, etc. y, en caso de que el trabajador se desligara de la entidad (Cooperativa), ya sea por renuncia, jubilación, retiro, fallecimiento, etc., se le regresaría al trabajador o asociado su valor (en forma de dinero), al precio del momento en que este se desliga.

Llamemos la atención sobre dos elementos clave:

1.- Sin importar si el trabajador (en lo individual) se desliga de la sociedad productiva (Cooperativa), la Propiedad sobre los Medios de Producción se mantiene dentro de la Sociedad Productiva o de Servicios.

2.- El valor de los Medios de Producción, su apreciación o depreciación, beneficia o afecta a todos; lo cual constituye el mejor de los incentivos para que los trabajadores cuiden y potencien sus medios, herramientas, etc., inviertan en medios y tecnología, etc.

Ahora bien, esa “acción” en sí no generaría “utilidades” anuales sobre los resultados de la Producción o los servicios a sus poseedores, por cuanto a diferencia del Capitalismo, en esa acción no se integraría la plusvalía. Generaría Responsabilidad, Pertenencia, Autoridad, etc. individual y colectivamente.

OJO; en el Capitalismo las acciones de las Empresas Cooperativas Privadas (Empresas que no son del Estado sino de accionistas independientes) tienen otro sentido; el accionista compra una acción a X precio y espera recibir a cambio, sin aportar NADA más, una parte de la plusvalía robada al trabajador, que cubra lo que pagó por la acción más una ganancia; aquí también se integran factores como los costos de producción y depreciación de los medios, pero se agrega un factor especulativo y la explotación asalariada que en el Socialismo NO debe existir.

Un pequeño paréntesis; nos basamos en un principio fundamental; en el Socialismo NO debería existir explotación asalariada de ningún tipo, la Distribución de la Plusvalía o Utilidad Neta (no incluir el salario en la fórmula) debería ser en tres partes iguales:

1.- Parte que se la apropian directamente los trabajadores y se distribuye según el aporte de cada quién al producto final.

2.- Parte destinada a Desarrollo social e Inversiones de la Empresa, colectivo o Cooperativa. Este parte es administrada por los propios trabajadores asociados, lo mismo pueden dedicarla a comprar un transporte para ir al trabajo, que Invertirla en la infraestructura de calles del batey del central azucarero o aumentar el valor de la empresa o sociedad con medios y tecnología (influyendo en el punto 2 de los elementos clave).

3.- Se entrega al Estado para que este cubra sus costos de operación y la redistribuya a la sociedad vía los Servicios Sociales (Salud, Educación, etc.)

Como ya dijimos, el Valor de la Cooperativa o Sociedad de trabajadores libremente asociados puede variar en el tiempo (aumentar o disminuir afectando el valor de cada acción en manos de los trabajadores); si se realizan nuevas inversiones afectando la parte de la plusvalía destinada a inversiones y desarrollo social o si se mejora la maquinaria con inventivas propias.

Recordar que este tipo de “acciones” representan la suma del valor de los medios más el circulante, más el activo, menos los pasivos, aquí no entra el resultado del trabajo, producto terminado o la productividad. La “acción” es un valor Real de PROPIEDAD a diferencia del Capitalismo que integra la plusvalía y la especulación.

En las Políticas generales de la sociedad existe un acápite que penaliza (en dinero efectivo) a quien no cuide los Medios, los destruya o por descuido se deterioren o rompan (tendrás que reparar el daño que tus actos puedan ocasionar. Esa medida evitaría el robo de materias primas, productos terminados y el daño de los medios de producción de la Cooperativa)*

Las acciones, la participación, tu puesto de trabajo son heredables, y transferibles si un cooperativista se jubila, se enferma o muere lo más lógico es que un familiar, esposa o hijo, pase a ocupar su plaza como miembro de la Cooperativa. De cualquier forma sus ingresos serán el equivalente a su aportación individual a la Utilidad Total de la empresa dividido en tres partes iguales; una para el Estado, otra para inversión (social o productiva) y la tercera se distribuye equitativamente entre todos los cooperativistas.

Con esto logramos Liberar a las Fuerzas Productivas, el trabajador individual, de la esclavitud de la explotación asalariada y de la Propiedad misma. ¿De qué forma?

Al ser la Propiedad sobre los Medios de Producción un VALOR tangible, representado por una “acción” en manos del trabajador, este puede desprenderse de su DERECHO DE PROPIEDAD sin perder el VALOR de esa PROPIEDAD que adquirió, ayudó a construir, mantener o crecer. Si se separa (de la forma que sea) de ese colectivo recibirá (él, sus familiares o quien él decida) el equivalente al valor que ayudó a CREAR o ADQUIRIÓ.

Si mañana, ese mismo obrero, decide independizarse o migrar hacia otro colectivo, sencillamente renuncia, se le liquida y listo; es LIBRE de hacer o IRSE a dónde le dé su gana.

Lógicamente esto nos lleva a otros considerandos:

– La Existencia de un Mercado Laboral para el que hay que crear leyes específicas que lo regulen.

– Los procesos de quiebra o bancarrota de Cooperativas o sociedades.

– El exceso de personas que quieran entrar a determinada sociedad o Cooperativa, o el abandono de otras no productivas, etc.

– La necesidad de permitir, crear y regular (con leyes) un Mercado de bienes y servicios y las RELACIONES MERCANTILES que se deben dar entre personas, instituciones, sociedades, Cooperativas, etc.

Todos elementos que deben ser constantemente legislados por una Asamblea Nacional que trabaje de tiempo completo en la solución de estos problemas y los que se vayan presentando, siempre respondiendo al interés de los ciudadanos.

Sobre este tema puede haber muchas variantes de análisis y discusión pero lo que estamos proponiendo es que todas consideren las bases fundamentales de lo que pensamos debe ser el Socialismo:

Liberar las Fuerzas Productivas; Socializar los Medios de Producción; Eliminar el salario como forma de explotación; Empoderar al Ciudadano; Respetar, cuidar y fortalecer los Derechos Individuales de cada ciudadano.

Y, OJO, en lo particular considero que hay algunos “derechos” o interpretaciones de Derechos, que afectan los DERECHOS y la LIBERTAD de otros y por tanto no pueden ser considerados verdaderos Derechos Humanos; como el “derecho” a la “Libre Empresa”, desde el punto de vista Capitalista, neo liberal, que no es más que la exigencia del supuesto “derecho” de explotar asalariadamente a otros.

Si eliminamos la explotación asalariada, el Derecho a la Libre Empresa sería el motor que Liberaría las Fuerzas Productivas dentro del Socialismo.

Aquí ya tendríamos el tren de la Economía montado sobre sus dos rieles:

1.- Socialización de los Medios de Producción 2.- Liberación de las Fuerzas Productivas

La crítica de José Martí al libro “La Futura esclavitud” de Herbert Spencer después de 135 años mantiene plena actualidad

La crítica de José Martí al libro “La Futura esclavitud” de Herbert Spencer después de 135 años mantiene plena actualidad.(2)
Ahora, en un solo número de periódico, un pensador, Herbert Spencer, señala el riesgo que ciertos pueblos modernos
corren de caer en un degradante socialismo;
La América, New York, abril de 1884
Vol. 13-438
La nueva esclavitud
Por su cerrada lógica, por su espaciosa construcción, por su lenguaje nítido, por su brillantez, trascendencia y peso, sobresale entre esos varios tratados aquel en que Herbert Spencer quiere enseñar cómo se va, por la excesiva protección a los pobres, a un estado socialista que sería a poco un estado corrompido, y luego un estado tiránico. Lo seguiremos de cerca en su raciocinio, acá extractando, allá supliendo lo que apunta; acullá, sin decirlo, arguyéndolo. Pero ¡cómo reluce este estilo de Spencer! No es ese estilo de púrpura romana de Renán, sino cota de malla impenetrable, llevada por robusto caballero. Muévese su lenguaje en ondas anchas, como las que imprime en el océano solemne un imponente vapor trasatlántico. Es su frase como hoja de Toledo noble y recia, que fe sirve a la par de maza y filo, y rebana de veras, y saca buenos tajos, y tanto brilla como tunde: derriba e ilumina. Su estilo no tiene muchas piezas, ni las ideas le vienen de pronto y en racimo, y ya en la familia y dispuestas a expresión, sino que las va construyendo lentamente, y con trabajoso celo leyéndolas en los acontecimientos. Se inflama a ocasiona en generoso fuego; pero la llama, que brilla entonces intensa, dura poco.
Es un estilo de cureña de artillería, hecho como para soportar las andanadas certeras que desde él dispara el pensamiento. Habla, como otros en cuadros, en lecciones; tanto, que a veces peca de pontífice. Como en una idea agrupa hechos, en una palabra, agrupa ideas. Sus adjetivos le ahorran párrafos,
El funcionarismo [burocratismo], que tiene intereses comunes, es “coherente”; el público, que anda suelto y se pone raras veces al habla, es “incoherente”. “Agencias” son las fuerzas sociales. Ve el flujo y reflujo periódico de la vida en los pueblos, como un anatómico ve en las venas el curso de la sangre. Escarda cuidadosamente, entre los hechos diversos, los análogos; y los presenta luego bien liados y en hilera, como soldados mudos, que van defendiendo lo que él dice. Anda sobre hechos.
Puede descontar de su raciocinio, como sin duda le acontece, un grupo de sucesos que debiera estar en él, y le hace falta para que no manque: pero no traerá nunca a su milicia formidable revelaciones que no recibe, ni especulaciones teóricas que con razón desdeña. De fijarse mucho en la parte, se le han velado los ojos de manera que ya no abarca con facilidad natural el todo; por lo que, con tanto estudiar las armonías humanas, ha llegado como a perder interés, y fe, por consiguiente, en las más vastas y fundamentales de la Naturaleza. Y este aspecto le viene de su gran cordura y honradez; pues ve tanto que hacer en lo humano, que el estudio de lo extrahumano le parece cosa de lujo, lejana e infecunda, a que podrá entregarse el hombre cuando ya tenga conseguida su ventura; en lo que yerra, porque si no se les alimenta en la ardiente fe espiritual que el amor, conocimiento y contemplación de la Naturaleza originan, se vendrán los hombres a tierra, a pesar de todos los puntales con que los refuerce la razón, como estatuas de polvo. Preocupar a los pueblos exclusivamente en su ventura y fines terrestres, es corromperlos, con la mejor intención de sanarlos. Los pueblos que no creen en la perpetuación y universal sentido, en el sacerdocio y glorioso ascenso de la vida humana, se desmigajan como un mendrugo roído de ratones.
Los españoles empiezan a comprender que en el movimiento general del progreso ellos también deben ocupar un puesto. No basta poseer la A!hambra y el Alcázar; es preciso saber honrarlos. Empiezan a ver que no pueden quedarse en árabes ni convertirse en gitanos. Y como el mundo entero razona y las fábricas de vapor ocupan los lugares de inmensos arsenales, ellos a su vez deben razonar con el mundo, trabajar en las fábricas y buscarse sitio entre los que piensan como Herbert Spencer, se quejan como Heine, dudan como Byron y desprecian como Leopardi. Con sus manos españolas deben tañer las cuerdas de la lira humana.
Como siempre han creído mucho y trabajado muy poco, la poesía de la duda y de la industria es en ellos producto sólo del cerebro: no tiene corazón: es importada e imitada, aunque alumbrada por fugaces rayos de sol, carece de calor. La majestad de la inteligencia es en ella imponente, pero échanse de menos la voz de la naturaleza y el hechizo de la espontaneidad. No cautiva porque no exhibe los brotes del sentimiento. Esos cantos a la humanidad moderna no pueden entusiasmar a los que suministran tanto las ideas como las formas con que aparecen revestidos.
Un árabe reconocerá su corcel, aunque le cambien la silla y le cubran con paramentos de oro.
Vol. 15:25
“LA FUTURA ESCLAVITUD”
Tendencia al socialismo de los gobiernos actuales. -La acción excesiva del Estado. -Habitaciones para los pobres. -La renacionalización de la tierra. – El funcionarismo [burocratismo]
La Futura Esclavitud se llama este tratado de Herbert Spencer. Esa futura esclavitud, que a manera de ciudadano griego que contaba para poco con fa gente baja, estudia Spencer, es el socialismo. Todavía se conserva empinada y como en ropas de lord la literatura inglesa; y este desdén y señorío, que le dan originalidad y carácter, la privan, en cambio, de aquella más deseable influencia universal a que por la profundidad de su pensamiento y melodiosa forma tuviera derecho. Quien no comulga en el altar de los hombres, es justaente desconocido por ellos.
INGLATERRA 389
¿Cómo vendrá a ser el socialismo, ni cómo éste ha de ser una nueva esclavitud? Juzga Spencer como victorias crecientes de la idea socialista, y conclusiones débiles de los buscadores de popularidad, esa nobilísima tendencia, precisamente para hacer innecesario el socialismo, nacida de todos los pensadores generosos que ven como el justo descontento de las clases llanas les lleva a desear mejoras radicales y violentas, y no hallan más modo natural de curar el daño de raíz que quitar motivo al descontento. Pero esto ha de hacerse de manera que no se trueque el alivio de los pobres en fomento de los holgazanes; y a esto sí hay que encaminar las leyes que tratan del alivio, y no a dejar a la gente humilde con todas sus razones de revuelta.
So pretexto de socorrer a los pobres-dice Spencer, -sácanse tantos tributos, que se convierte en pobres a los que no lo son. La ley que estableció el socorro de los pobres por parroquias hizo mayor el número de pobres. La ley que creó cierta prima a las madres de hijos ilegítimos, fue causa de que los hombres prefiriesen para esposas estas mujeres r. las jóvenes honestas, porque aquéllas les traían la prima en dote. Si los pobres se habitúan a pedirlo todo al Estado, cesaran a poco de hacer esfuerzo alguno por su subsistencia, a menos que no se los allane proporcionándoles labores el Estado. Ya se auxilia a los pobres en mil formas. Ahora se quiere que el gobierno les construya edificios. Se pide que, así como el gobierno posee el telégrafo y el correo, posea los ferrocarriles. El día en que el Estado se haga constructor, cree Spencer que, como que los edificadores sacarán menos provecho de las casas, no fabricarán, y vendrá a ser el fabricante Único el Estado; el cual argumento, aunque viene de arguyente formidable, no se tiene bien sobre sus pies. Y el día en que se convierta el Estado en dueño de los ferrocarriles, usurpará todas las industrias relacionadas con éstos, y se entrará a rivalizar con toda la muchedumbre diversa de industriales; el cual raciocinio, no menos que el otro, tambalea, porque las empresas de ferrocarriles son pocas y muy contadas, que por sí mismas elaboran los materiales que usan. Y todas esas intervenciones del Estado las jurga Herbert Spencer como causadas por la marea que sube, e impuestas por la gentualla que las pide, como si el Ioabilísimo y sensato deseo de dar a los pobres casa limpia, que sanea a la par el cuerpo y la mente, no hubiera nacido en los rangos mismos de la gente culta, sin la idea indigna de cortejar voluntades populares; y como si esa otra tentativa de dar los ferrocarriles al Estado no tuviera, con varios inconvenientes, altos fines moralizadores; tales como el de ir dando de baja los juegos corruptores de la bolsa, y no fuese alimentada en diversos países, a un mismo tiempo, entre gentes que no andan por cierto en tabernas ni tugurios.
La crítica de José Martí al libro “La Futura esclavitud” de Herbert Spencer después de 135 años mantiene plena actualidad.(2)
Teme Spencer, no sin fundamento, que, al llegar a ser tan varia, activa y dominante la acción del Estado, habría este de imponer considerable3 cargas a la parte de la nación trabajadora en provecho de la parte páupera. Y es verdad que sí llegare la benevolencia a tal punto que los páuperos no necesitasen trabajar para vivir-a lo cual jamás podrán llegar, -se iría debilitando la acción individual, y gravando la condición de los tenedores de alguna riqueza, sin bastar por eso a acallar las necesidades y apetitos de los que no la tienen. Teme además el cúmulo de leyes adicionales, y cada vez más extensas, que la regulación de las leyes anteriores de páuperos causa; pero esto viene de que se quieren legislar las formas del mal, y curarlo en sus manifestaciones; cuando en lo que hay que curarlo es en su base, la cual está en el enlodamiento, agusanamiento y podredumbre en que viven las gentes bajas de las grande3 poblaciones, y de cuya miseria-con costo que no alejaría por cierto del mercado a constructores de casas Je más rico estilo, y sin los riesgos que Spencer exagera-pueden sin duda ayudar mucho a sacarle3 las casas limpias, artísticas, luminosas y aireadas que con razón se trata de dar a los trabajadores, por cuanto el espíritu humano tiene tendencia natural a la bondad y a la cultura, y en presencia de lo alto, se alza, y en la de lo limpio, se iimpia. A más que, con dar casas baratas a los pobres, trátase sólo de darles habitaciones buenas por el mismo precio que hoy pagan por infecta3 casucas.
Puesto sobre estas bases fijas, a que dan en la política inglesa cierta mayor solidez las demandas exageradas de los radicales y de la Federación Democrática, construye Spencer el edificio venidero, de veras tenebroso, y semejante al de los peruanos antes de la conquista y al de la Galia cuando la decadencia de Roma, en cuyas épocas todo lo recibía el ciudadano del Estado, en compensación del trabajo que para el Estado hacía el ciudadano.
Henry George anda predicando la justicia de que la tierra pase a ser propiedad de la nación; y la Federación Democrática anhela la formación de “ejércitos industriales y agrícolas conducidos por el Estado”. #Gravando con más cargas, para atender a las nuevas demandas, las tierras de poco rendimiento, vendrá a ser nulo el de éstas, y a tener menos frutos la nación, a quien en definitiva todo viene de la tierra, y a necesitarse que el Estado organice el cultivo forzoso. Semejantes empresas aumentarían de terrible manera la cantidad de empleados públicos, ya excesiva. Con cada función vendría una casta nueva de funcionarios [burócratas] ya en Inglaterra, como en casi todas partes, se gusta demasiado ocupar cargos públicos, tenidos como más distinguidos que cualesquiera otros, y en los cuales se logra remuneración amplia y cierta por un trabajo relativamente escaso: con lo cual claro está que el nervio nacional se pierde. ¡Mal va un pueblo de gente oficinista!
Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios [burócratas], ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe, lo Irla perdiendo el pueblo. que no tiene las mismas razones de complicidad en esperanzas y provechos. para hacer frente a los funcionarios [burócratas]enlazados por intereses comunes. Como todas las necesidades públicas vendrían a estar satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios [burócratas] entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio. El hombre que quiere ahora que el Estado cuide de él para no tener que cuidar él de sí, tendría que trabajar entonces en la medida por el tiempo, y en la labor que pluguiese al Estado asignarle, puesto que, a éste, sobre quien caerían todos los deberes. se darían naturalmente todas las facultades necesarias para recabar los medios de cumplir aquellos. De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios [burócratas]. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo.
Y como los funcionarios [burócratas] son seres humanos, y por tanto abusadores, soberbios y ambiciosos, y en esa organización tendrían gran poder, apoyados por todos los que aprovechasen o esperasen aprovechar de los abusos, y por aquellas fuerzas viles que siempre compra entre los oprimidos el terror, prestigio o habilidad de los que mandan, este sistema de distribución oficial del trabajo común llegaría a sufrir en poco tiempo de los quebrantos, violencias, hurtos y tergiversaciones que el espíritu de individualidad, la autoridad y osadía del genio, y las astucias del vicio originan pronta y fatalmente en toda organización humana. “De mala humanidad-dice Spencer–no pueden hacerse buenas instituciones.” La miseria pública será, pues: con semejante socialismo, a que todo parece tender en Inglaterra, palpable y grande.
El funcionarismo [burocratismo] autocrático abusará de la plebe cansada y trabajadora. Lamentable será, y general, la servidumbre.
Y en todo este estudio apunta Herbert Spencer las consecuencias posibles de la acumulación de funciones en el Estado, que vendrían a dar en esa dolorosa y menguada esclavitud; pero no señala con igual energía, al echar en cara a los páuperos su abandono e ignominia, los modos naturales de equilibrar la riqueza pública dividida con tal inhumanidad en Inglaterra, que ha de mantener naturalmente en ira, desconsuelo y desesperación a seres humanos que se roen los puños de hambre en las mismas calles por donde pasean hoscos y erguidos otros seres humanos que con las rentas de un año de sus propiedades pueden cubrir a toda Inglaterra de guineas.
Nosotros diríamos a la política: ¡Yerra, pero consuela! Que el que consuela, nunca yerra.
Lu América, Nueva York, abril de 1884
Obras completas, Vol. 15:388-392

Luchadores por el socialismo: Rosa Luxemburgo

Luchadores por el socialismo: Rosa Luxemburgo
Su nombre en alemán es Rosa Luxemburg, en polaco Róża Luksemburg, pero es más conocida por su nombre castellanizado Rosa Luxemburgo.
Nació el 5 de marzo de 1871 en Zamość, cerca de Lublin, en la Polonia controlada por el Imperio ruso, en una familia de origen judío. Murió asesinada el 15 de enero de 1919 (47 años) en Berlín, República de Weimar.
Rosa Luxemburgo siempre se mantuvo en sus principios marxistas. En 1893, junto a Leo Jogiches y Julian Marchlewski (alias Julius Karski), fundaron el periódico La causa de los trabajadores (Sprawa Robotnicza), oponiéndose a las políticas nacionalistas del Partido Socialista Polaco. Rosa Luxemburgo creía que una Polonia independiente solo podía surgir tras una revolución comunista en Alemania, Austria y Rusia. Mantenía que la lucha debía focalizarse en contra del capitalismo, y no en la consecución de una Polonia independiente.
Junto con Leo Jogiches fundó el Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia (SDKP), que posteriormente se convertiría en el Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia y Lituania (SDKPiL) al unirse a la organización socialdemócrata de Lituania. A pesar de vivir en Alemania, Rosa Luxemburgo permanecía como la principal teórica de la socialdemocracia polaca, liderando el partido junto a Jogiches, su principal organizador.
Militó activamente en el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), hasta que en 1914 se opuso radicalmente a la participación de los socialdemócratas en la I Guerra Mundial, por considerarla un “enfrentamiento entre imperialistas”. Integró entonces el grupo internacional que en 1916 se convirtió en la Liga Espartaquista, grupo marxista que sería el origen del Partido Comunista de Alemania (KPD). Al terminar la guerra fundó el periódico La Bandera Roja, junto con el alemán Karl Liebknecht. En su libro La Revolución Rusa (1918), critica constructivamente a la misma y sostiene que la forma soviética de hacer la revolución no puede ser universalizada para todas las latitudes.
Tomó parte en la frustrada revolución de 1919 en Berlín, aun cuando esta tuvo lugar en contra de sus consejos. La revuelta fue sofocada con la intervención del ejército y la actuación de los freikorps o “cuerpos libres” (grupos de paramilitares reclutados entre los excombatientes recién desmovilizados y pagados por los industriales y banqueros). A su término, cientos de personas, entre ellas Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, fueron encarceladas, torturadas y asesinadas por dichos grupos.
Tanto Rosa Luxemburgo como Karl Liebknecht poseen una gran carga simbólica en el marxismo. Actualmente, un domingo a mediados de enero se celebra, cada año, en Berlín, el día de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, en recuerdo del asesinato de los dos dirigentes comunistas el 15 de enero de 1919.
Rosa Luxemburgo apoyó la Revolución de Octubre dirigida por Lenin en Rusia pero criticó la dictadura establecida en Rusia por los Bolcheviques dirigido por Vladimir Ilich Ulianov (Lenin). Los métodos empleados por el Partido Bolchevique, criticados por Rosa, condujeron al cabo de 72 años a la disolución del Partido Comunista Ruso, la desintegración de la URSS y el retorno al capitalismo en todas las naciones que la integraban.
Algunas de las ideas expuestas por Rosa Luxemburgo sobre el socialismo:
“El fundamento de la sociedad socialista reside en el hecho de que la gran masa trabajadora cesa de ser una masa regimentada, llevando y regulando ella misma toda la vida política y económica, de acuerdo con una libre y consciente autonomía.”
“Si el proletariado no elige sus propios conductores y resguarda celosamente su autonomía frente a ellos, está perdido. El conductor es un mero órgano de dilucidación y ejecución de las intuiciones y la voluntad de las masas, o deviene inevitablemente su Judas. Por eso es que la lucha por esclarecer el sentido de autonomía y responsabilidad de las masas, es el primer paso indispensable hacia su liberación.”
“No es partiendo de la disciplina impuesta por el Estado capitalista al proletariado – en el cuartel, en la fábrica, etc – sino extirpando hasta la última raíz estos hábitos de obediencia y servilismo, como la clase obrera podrá adquirir el sentido de autodisciplina libremente consentida”.
“… dirigen sólo una docena de cabezas pensantes, y de vez en cuando se invita a una élite de la clase obrera a reuniones donde deben aplaudir los discursos de los dirigentes, y aprobar por unanimidad las mociones propuestas. En el fondo, entonces, una camarilla. Una dictadura, por cierto: no la dictadura del proletariado sino la de un grupo de políticos, es decir, una dictadura en el sentido burgués, en el sentido del gobierno de los jacobinos …, esas condiciones pueden causar inevitablemente una brutalización de la vida pública…”
“Lenin está completamente equivocado en los medios que utiliza. Los decretos, la fuerza dictatorial del supervisor de fábrica, los castigos draconianos, el dominio por el terror, todas estas cosas son sólo paliativos. El único camino al renacimiento pasa por la escuela de la misma vida pública, por la democracia y opinión pública más ilimitadas y amplias. Es el terror lo que desmoraliza”
“Lo negativo, la destrucción, puede decretarse; lo constructivo, lo positivo, no. … Sólo la experiencia puede corregir y abrir nuevos caminos. Sólo la vida sin obstáculos, efervescente, lleva a miles de formas nuevas e improvisaciones, saca a la luz la fuerza creadora, corrige por su cuenta todos los intentos equivocados. La vida pública de los países con libertad limitada está tan gobernada por la pobreza, es tan miserable, tan rígida, tan estéril, precisamente porque, al excluirse la democracia, se cierran las fuentes vivas de toda riqueza y progreso espiritual”
“todo lo que es instructivo, totalizador y purificante en la libertad política depende de esta característica esencial,-que todos puedan hablar y criticar- y su efectividad desaparece tan pronto como la “libertad” se convierte en un privilegio especial”.
“Todo esto prueba que el mecanismo pesado de las instituciones democráticas posee un corrector poderoso en el movimiento vivo de las masas y en la presión ininterrumpida que éstas aplican, y cuanto más democrática sea la institución y cuanto más vivo y poderoso el pulso de la vida política de las masas, tanto más inmediato y exacto es el efecto de la acción,… Por supuesto, toda institución democrática tiene sus límites y sus defectos, igual que toda institución humana, lo que sucede es que el medicamento que han encontrado Lenin y Trotsky, esto es la supresión de la democracia, es aún peor que el mal que pretenden curar, puesto que en realidad sepulta el manantial vivo que permite corregir todas las insuficiencias natas de las instituciones sociales, es decir, la vida política activa, libre y enérgica de las masas populares más amplias.” “la tarea histórica del proletariado cuando toma el poder es la de sustituir la democracia burguesa por la democracia socialista, y no la de suprimir toda democracia”.
“La libertad solo para los partidarios del gobierno, solo para los miembros de un partido, por numerosos que ellos sean, no es libertad en absoluto, la libertad es siempre para el que piense diferente. Sin elecciones generales, sin una libertad de prensa y una libertad de reunión ilimitadas, sin una lucha de opiniones libres, la vida vegeta y se marchita en todas las instituciones públicas y la burocracia llega a ser el único elemento activo.”
“La abolición de la ley del capital, la implantación de un orden social socialista, esto, y nada más, es el tema histórico de la presente revolución… Sólo puede llevarse a cabo a través de la acción consciente de las masas trabajadoras en la ciudad y en el campo, sólo mediante la más alta madurez intelectual y un inmarchitable idealismo puede ser conducida seguramente a través de todas las tempestades hasta arribar a buen puerto.”

La mala interpretación de un documento histórico

El Mayor General Calixto García Íñiguez, disgustado porque el General Shafter no le entregó la Ciudad de Santiago de Cuba al rendirse esta, escribió una Circular a su Ejército y renunció a sus cargos de Lugarteniente General del Ejército Libertador y de Jefe del Primer Cuerpo de este ejército, ambas renuncias fueron aceptadas por el gobierno de Cuba en Armas y el Generalísimo Máximo Gómez. Se ha interpretado que la orden dada por él a sus tropas la había dispuesto el Jefe Mlitar norteamericano, lo cual es falso porque no existió tal prohibición por el mando norteamericano.
A continuación el texto íntegro de la Circular de Calixto García:
«Circular dictada por el Mayor General Calixto García Iñiguez, Lugarteniente General del Ejército Libertador y Jefe de su 1ra División, en el Cuartel de Casa Azul, Santiago de Cuba, el 17 de julio de 1898

Los americanos, que ya empiezan a recibir la ciudad de Santiago de manos de los españoles, han decidido dejar dos regimientos de guarnición en ella mientras cese el estado anormal de cosas que se caracteriza por la falta de un cuerpo que represente la revolución ante el pueblo americano, ya que éste, por medio de su gobierno, ha declarado que no reconoce al Consejo nombrado por la Asamblea de la Yaya. No tenemos más que un camino a seguir: el de procurar que el mayor orden reine en todas partes, que sea un hecho el respeto a las personas y a la propiedad, que los derechos del hombre sean una verdad y cada uno de nosotros sus más fieles guardianes y defensores. Probaremos al mundo que nos sobran condiciones para hacer una nación libre e independiente y la nación americana verá que no se ha equivocado, al prestarnos su ayuda decisiva, contribuyendo a que la nación cubana se constituya como república independiente. Tenemos que mostrar a los americanos que el Ejército Libertador tiene conciencia plena de su misión; para demostrar nuestra corrección, he decidido que ninguna fuerza libertadora entre en Santiago de Cuba mientras las autoridades cubanas no rijan los destinos de la ciudad. En las poblaciones que están en nuestro poder y en aquellas que ocupemos se elegirá enseguida, por todos los vecinos de Cuba que habiten en ella y su comarca, un alcalde y concejales. Para los asuntos de la policía se constituirá una guardia urbana, a las órdenes directas del alcalde. Ningún jefe militar tiene mando sobre las poblaciones y sus autoridades constituidas. Sólo los jefes de división tendrán mando sobre las autoridades civiles; pero siempre atemperando los derechos del pueblo al libre funcionamiento de sus gobernantes que por ahora serán el alcalde y concejales, electos por el voto popular. Dedicará Ud. atención al comercio, que regularizará y protegerá, debiendo permitir que todo el mundo venda, cambie o haga de lo suyo lo que le venga en gana. Libertad decidida al comercio debe ser nuestro lema, pues únicamente así podremos salvar este pueblo de la miseria.»

Tomado de:
Juan José Expósito Casasús, «Calixto García (El Estratega)» 2da. Edición
Colección Histórica Cubana y Americana No. 22
Oficina del Historiador de La Habana, pag. 303-304, 1962

El verdadero testamento político de José Martí

AL GENERAL MAXIMO G6MEZ
New York, 20 de octubre de 1884
Señor General Máximo Gómez
New York
Distinguido General y amigo: Salí en la mañana del sábado de la casa de Vd. con una impresión tan penosa, que he querido dejarla reposar dos días, para que la resolución que ella, unida a otras anteriores, me inspirase, no fuera resultado de una ofuscación pasajera, o excesivo celo en la defensa de cosas que no quisiera ver yo jamás atacadas,–sino obra de meditación madura. -¡qué pena me da tener que decir estas cosas a un hombre a quien creo sincero y bueno, y en quien existen cualidades notables para llegar a ser verdaderamente grande!- Pero hay algo que está popo’ encima de toda la simpatía personal que Vd. pueda inspirarme, y hasta de toda razón de oportunidad aparente: y es mi determinación de no contribuir en un ápice, por amor ciego a una idea en que me está yendo la vida, a traer a mi tierra a un régimen de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto que el despotismo político que ahora soporta, y más grave y difícil de desarraigar, porque vendría excusado por algunas virtudes, establecido por la idea encarnada en él, y legitimado por el triunfo.
Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento; y cuando en los trabajos preparativos de una revolución más delicada y compleja que otra alguna, no se muestra el deseo sincero de conocer y conciliar todas las labores, voluntades y elementos que han de hacer posible la lucha armada, mera forma del espíritu de independencia, sino la intención, bruscamente expresada a cada paso, o mal disimulada, de hacer servir todos los recursos de fe y de guerra que levante el espíritu a los propósitos cautelosos y personales de los jefes justamente afamados que se presentan a capitanear la guerra, ¿qué garantías puede haber de que las libertades públicas, único objeto digno de lanzar un país a la lucha, sean mejor respetadas mañana? ¿Qué somos, General?, ¿los servidores heroicos y modestos de una idea que nos calienta el corazón, los amigos leales de un pueblo en desventura, o los caudillos valientes y afortunados que con el látigo en la mano y la espuela en el tacón se disponen a llevar la guerra a un pueblo, para enseñorearse después de él? ¿La fama que ganaron Vds. en una empresa, la fama de valor, lealtad y prudencia, van a perderla en otra?-Si la guerra es posible, y los nobles y legítimos prestigios que vienen de ella, es porque antes existe, trabajado con mucho dolor, el espíritu que la reclama y hace necesaria: y a ese espíritu hay que atender, y a ese espíritu hay que mostrar, en todo acto público y privado, el más profundo respeto-porque tal como es admirable el que da su vida por servir a una gran idea, es abominable el que se vale de una gran idea para servir a sus cape lanzas personales de gloria o de poder, aunque por ellas exponga la vida.-El dar la vida sólo constituye un derecho cuando se la da desinteresadamente.
Ya lo veo a Vd. afligido, porque entiendo que Vd. procede de buena fe en todo lo que emprende, y cree de veras, que lo que hace, como que se siente inspirado de un motivo puro, es el único modo bueno de hacer que hay en sus empresas. Pero con la mayor sinceridad se pueden cometer los más grandes errores; y es preciso que, a despecho de toda consideración de orden secundario, la verdal adusta, que no debe conocer amigos, salga al paso de todo lo que considere un peligro, y ponga en su puesto las cosas graves, antes de que lleven ya un camino tan adelantado que no tengan remedio. Domine Vd., General, esta pena, como dominé yo el sábado el asombro y disgusto con que oí un importuno arranque de Vd. y una curiosa conversación que provocó a propósito de él el General Maceo, en la que quiso,–¡locura mayor!–darme a entender que debíamos considerar la guerra de Cuba como una propiedad exclusiva de Vd., en la que nadie puede poner pensamiento ni obra sin cometer profanación, y la cual ha de dejarse, si se la quiere ayudar, servil y ciegamente en sus manos. ¡No: no, por Dios! ¿pretender sofocar el pensamiento, aun antes de verse, como se verán mañana, al frente de un pueblo entusiasmado y agradecido, con todos los arreos de la victoria? La patria no es de nadie: y si es de alguien, será, y esto sólo en espíritu, de quien la sirva con mayor desprendimiento e inteligencia.
A una guerra, emprendida en obediencia a los mandatos del país, en consulta con los representantes de sus intereses, en unión con la mayor cantidad de elementos amigos que pueda lograrse; a una guerra así, que venía yo creyendo –porque así se la pinté en una carta mía de hace tres años que tuvo de Vd. hermosa respuesta,– que era la que Vd. ahora se ofrecía a dirigir;–a una guerra así el alma entera he dado, porque ella salvará a mi pueblo;–pero a lo que en aquella conversación se me dio a entender, a una aventura personal, emprendida hábilmente en una hora oportuna, en que los propósitos particulares de los caudillos pueden confundirse con las ideas gloriosas que los hacen posibles; a una campaña emprendida como una empresa privada, sin mostrar más respeto al espíritu patriótico que la permite, que aquel indispensable, aunque muy sumiso a veces, que la astucia aconseja, para atraerse las personas o los elementos que puedan ser de utilidad en un sentido u otro; a una carrera de armas por más que fuese brillante y grandiosa; y haya de ser coronada por el éxito, y sea personalmente honrado el que la capitanee;–a una campaña que no dé desde su primer acto vivo, desde sus primeros movimientos de preparación, muestras de que se la intenta como un servicio al país, y no como una invasión despótica; –a una tentativa armada que no vaya pública, declarada, sincera y únicamente movida, del propósito de poner a su remate en manos del país, agradecido de antemano a sus servidores, las libertades públicas; a una guerra de baja raíz y temibles fines, cualesquiera que sean su magnitud y condiciones de éxito– y no se me oculta que tendría hoy muchas-no prestaré yo jamás mí apoyo-valga mi apoyo lo que valga,- y yo sé que él, que viene de una decisión indomable de ser absolutamente honrado, vale por eso oro puro,-yo no se lo prestaré jamás.
¿Cómo, General, emprender misiones, atraerme afectos, aprovechar los que ya tengo, convencer a hombres eminentes, deshelar voluntades, con estos miedos y dudas en el alma?-Desisto, pues, de todos los trabajos activos que había comenzado a echar sobre mis hombros.
Y no me tenga a mal, General, que le haya escrito estas razones. Lo tengo por hombre noble, y merece Vd. que se le haga pensar. Muy grande puede llegar a ser Vd.-y puede no llegar a serlo. Respetar a un pueblo que nos ama y espera de nosotros, es la mayor grandeza. Servirse de sus dolores y entusiasmos en provecho propio, sería la mayor ignominia. Es verdad, General, que desde Honduras me habían dicho que alrededor de Vd. se movían acaso intrigas, que envenenaban, sin que Vd. lo sintiese, su corazón sencillo, que se aprovechaban de sus bondades, sus impresiones y sus hábitos para apartar a Vd. de cuantos hallase en su camino que le acompañasen en sus labores con cariño, y le ayudaran a librarse de los obstáculos que se fueran ofreciendo-a un engrandecimiento a que tiene Vd. derechos naturales. Pero yo confieso que no tengo ni voluntad ni paciencia para andar husmeando intrigas ni deshaciéndolas. Yo estoy por encima de todo eso. Yo no sirvo más que al deber, y con éste seré siempre bastante poderoso.
¿Se ha acercado a Vd. alguien, General, con un afecto más caluroso que aquel con que lo apreté en mis brazos desde el primer día en que le vi? ¿Ha sentido Vd. en muchos esta fatal abundancia de corazón que me dañaría tanto en mi vida, si necesitase yo de andar ocultando mis propósitos para favorecer ambicioncillas femeniles de hoy o esperanzas de mañana?
Pues después de todo lo que he escrito, y releo cuidadosamente, y confirmo,-a Vd., lleno de méritos, creo que lo quiero:-a la guerra que en estos instantes me parece que, por error de forma acaso, está Vd. representando,-no:-
Queda estimándole y sirviéndole.
JOSÉ MARTÍ
OC, Vol. 01:177-180

El culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre

José J. Martí
Cubanos :
Para Cuba que sufre, la primera palabra. De altar se ha de tomar a Cuba, para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal, para levantarnos sobre ella. Y ahora, después de evocado su amadísimo nombre, derramaré la ternura de mi alma sobre estas manos generosas que ¡no a deshora por cierto! acuden a dármele fuerzas para la agonía de la edificación; ahora, puestos los ojos más arriba de nuestras cabezas y el corazón entero sacado de mí mismo, no daré gracias egoístas a los que creen ver en mí las virtudes que de mí y de cada cubano desean; ni al cordial Carbonell, ni al bravo Rivero, daré gracias por la hospitalidad magnífica de sus palabras, y el fuego de su cariño generoso; sino que todas las gracias de mi alma les daré, y en ellos a cuantos tienen aquí las manos puestas a la faena de fundar, por este pueblo de amor que han levantado cara a cara del dueño codicioso que nos acecha y nos divide; por este pueblo de virtud, en donde se prueba la fuerza libre de nuestra patria trabajadora; por este pueblo culto, con la mesa de pensar al lado de la de ganar el pan, y truenos de Mirabeau junto a artes de Roland, que es respuesta de sobra a los desdeñosos de este mundo; por este templo orlado de héroes, y alzado sobre corazones. Yo abrazo a todos los que saben amar. Yo traigo la estrella, y traigo la paloma, en mi corazón..
No nos reúne aquí, de puro esfuerzo y como a regañadientes, el respeto periódico a una idea de que no se puede abjurar sin deshonor; ni la respuesta siempre pronta, y a veces demasiado pronta, de los corazones patrios a un solicitante de fama, o a un alocado de poder, o a un héroe que no corona el ansia inoportuna de morir con el heroísmo superior de reprimirla, o a un menesteroso que bajo la capa de la patria anda sacando la mano limosnera. Ni el que viene se afeará jamás con la lisonja, ni es este noble pueblo que lo reciba pueblo de gente servil y llevadiza. Se me hincha el pecho de orgullo, y amo aún más a mi patria desde ahora, y creo aún más desde ahora en su porvenir ordenado y sereno, en el porvenir, redimido del peligro grave de seguir a ciegas, en nombre de la libertad, a los que se valen del anhelo de ella para desviarla en beneficio propio; creo aún más en la república de ojos abiertos, ni insensata ni tímida, ni togada ni descuellada, ni sobreculta ni inculta, desde que veo, por los avisos sagrados del corazón, juntos en esta noche de fuerza y pensamiento, juntos para ahora y para después, juntos para mientras impere el patriotismo, a los cubanos que ponen su opinión franca y libre por sobre todas las cosas, y a un cubano que se las respeta.
Porque si en las cosas de mi patria me fuera dado preferir un bien a todos los demás, un bien fundamental que de todos los del país fuera base y principio, y sin el que los demás bienes serían falaces e inseguros, ese sería el bien que yo prefiriera: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre. En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre: envilece a los pueblos desde la cuna el hábito de recurrir a camarillas personales, fomentadas por un interés notorio o encubierto, para la defensa de las libertades: sáquese a lucir, y a incendiar las almas, y a vibrar como el rayo, a la verdad, y síganla, libres, los hombres honrados. Levántese por sobre todas las cosas esta tierna consideración, este viril tributo de cada cubano a otro. Ni misterios, ni calumnias, ni tesón en desacreditar, ni largas y astutas preparaciones para el día funesto de la ambición. O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio integro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre,o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos. Para verdades trabajamos, y no para sueños. Para libertar a los cubanos trabajamos, y no para acorralarlos. ¡Para ajustar en la paz y en la equidad los intereses y derechos de los habitantes leales de Cuba trabajamos, y no ,para erigir, a la boca del continente, de la república, la mayordomía espantada de Veintemilla(1), o la hacienda sangrienta de Rosas(2). o el Paraguay lúgubre de Francia(3)! ¡Mejor caer bajo los excesos del carácter imperfecto de nuestros compatriotas, que valerse del crédito adquirido con las armas de la guerra o las de la palabra que rebajarles el carácter! Este es mi único título a estos cariños, que han venido a tiempo a robustecer mis manos incansables en el servicio de la verdadera libertad. ¡Muérdanmelas los mismos a quienes anhelase yo levantar más, y ¡no miento! amaré la mordida, porque me viene de la furia de mi propia tierra, y porque por ella veré bravo y rebelde a un corazón cubano! ¡Unámonos, ante todo en esta fe; juntemos las manos, en prenda de esa decisión, donde todos les vean, y donde no se olvida sin castigo; cerrémosle el paso a la república que no venga preparada por medios dignos del decoro del hombre, para el bien y la prosperidad de todos los cubanos!
¡De todos los cubanos!
José Martí, Obras Completas, Vol 04:269-271

1 Ignacio de Veintemilla y Villacís, Presidente Constitucional de la República del Ecuador desde 1876 hasta 1883
2 Juan Manuel de Rosas, Dictador de la Provincia de Buenos Aires desde 1835 hasta 1852
3 José Gaspar Rodríguez de Francia, Dictador de la República del Paraguay. Desde 1814 hasta su muerte en 1840

Valor de la democracia para Rosa Luxemburgo


Valor de la democracia para Rosa Luxemburgo*
Es un hecho que Lenin y sus camaradas exigían furiosamente el llamado a la Asamblea Constituyente hasta su triunfo de octubre. La política del gobierno de Kerenski(194) de escabullirle el bulto a la cuestión constituía uno de los blancos preferidos de crítica de los bolcheviques y la base de algunos de sus más violentos ataques. Por cierto, Trotsky, en su interesante folleto De Octubre a Brest-Litovsk, dice que “la Revolución de Octubre representó la salvación de la Asamblea Constituyente”, tanto como la salvación de la revolución de conjunto. “Y cuando dijimos —continúa— que no se podía llegar a la Asamblea Constituyente a través del Parlamento Preliminar de Tseretelli sino solamente a través de la toma del poder por los Soviets, teníamos completa razón.” Y luego, pese a estas declaraciones, el primer paso de Lenin después de la Revolución de Octubre fue… la disolución de esta misma Asamblea Constituyente a la cual se suponía se le abría el camino. ¿Qué razones podían determinar un giro tan asombroso? Trotsky discute todo el asunto en el folleto antes mencionado. Expondremos aquí sus argumentos: “Así como en los meses anteriores a la Revolución de Octubre las masas fueron hacia la izquierda y los obreros, soldados y campesinos se volcaron espontáneamente hacia los bolcheviques, dentro del Partido Social Revolucionario este proceso se expresó en el fortalecimiento del ala izquierda a costa de la derecha. Pero en la lista de candidatos de los socialrevolucionarios los viejos nombres del ala derecha todavía ocupaban las tres cuartas partes de los puestos […]” Además se dio la circunstancia de que las elecciones se realizaron en el curso de las primeras semanas posteriores a la Revolución de Octubre. Las noticias del cambio que había ocurrido se expandían muy lentamente, en círculos concéntricos que iban desde la capital a las provincias y desde las ciudades a las aldeas. Las masas campesinas, en muchos lugares, apenas tenían noción de lo que sucedía en Petrogrado y Moscú. Votaban por ‘Tierra y libertad’ y elegían como representantes a los comités locales a los que permanecían bajo la bandera de los narodniki.
Votaban, en consecuencia, por Kerenski y Avxentiev, que habían disuelto los comités locales y arrestado a sus miembros […] Este estado de cosas da una idea clara de hasta qué punto la Asamblea Constituyente había quedado atrás en el desarrollo de la lucha política y de los agrupamientos partidarios.” Todo esto está muy bien y resulta bastante convincente. Pero uno no puede menos que preguntarse cómo personas tan inteligentes como Lenin y Trotsky no llegaron a la conclusión que surge inmediatamente de los hechos mencionados. Dado que la Asamblea Constituyente fue electa mucho antes del cambio decisivo, la Revolución de Octubre, y que su composición reflejaba el pasado ya desvanecido y no la nueva situación, se deduce automáticamente que tendría que haberse anulado la Asamblea Constituyente ya superada y llamado, sin dilación, a elecciones para una nueva Constituyente. No querían confiar, y no debían hacerlo, el destino de la revolución a una asamblea que reflejaba la Rusia kerenskista de ayer, del periodo de las vacilaciones y las alianzas con la burguesía. Por lo tanto, lo único que quedaba por hacer era convocar una asamblea que surgiera de la Rusia renovada que tanto había avanzado.
En lugar de esto, Trotsky extrae de las características específicas de la Asamblea Constituyente que existía en octubre una conclusión general respecto a la inutilidad, durante la revolución, de cualquier representación surgida de elecciones populares universales.
“Gracias a la lucha abierta y directa por el poder —escribe— las masas trabajadoras acumulan en un tiempo brevísimo una gran experiencia política, y en su desarrollo político trepan rápidamente un peldaño tras otro. Cuanto más extenso es el país y más rudimentario su aparato técnico, menores son las posibilidades del farragoso mecanismo de las instituciones democráticas de seguir el ritmo de este desarrollo.” Aquí nos encontramos con un cuestionamiento al “mecanismo de las instituciones democráticas” como tal. A esto debemos objetar inmediatamente que en esa estimación de las instituciones representativas subyace una concepción algo rígida y esquemática a la que la experiencia histórica de toda época revolucionaria contradice expresamente. Según la teoría de Trotsky, toda asamblea electa refleja de una vez y para siempre sólo la mentalidad, madurez política y ánimo propios del electorado justo en el momento en que éste concurre a las urnas. De acuerdo con eso, un cuerpo democrático es el reflejo de las masas al final del periodo electoral, del mismo modo que los espacios celestes de Herschel siempre nos muestran los cuerpos celestiales no como son en el momento en que los contemplamos, sino como eran en el momento en que enviaron a la tierra sus mensajes luminosos desde las inconmensurables distancias espaciales. Se niega aquí toda relación espiritual viva, toda interacción permanente entre los representantes, una vez que han sido electos, y el electorado.
Sin embargo, ¡hasta qué punto lo contradice toda la experiencia histórica! La experiencia demuestra exactamente lo contrario; es decir, que el fluido vivo del ánimo popular se vuelca continuamente en los organismos representativos, los penetra, los guía. Si no, ¿cómo sería posible el espectáculo, que a veces presenciamos en todo parlamento burgués, de las divertidas volteretas de “los representantes del pueblo”, que se sienten súbitamente inspirados por un nuevo “espíritu” y pronuncian palabras totalmente inesperadas; o encontrarse en determinadas oportunidades con que las momias más resecas se comportan como jovencitos o con los pequeños Scheidemänchenn más diversos que de golpe empiezan a usar un tono revolucionario; todo esto siempre que hay alboroto en las fábricas y talleres y en las calles?
¿Y habrá que renunciar, en medio de la revolución, a esta influencia siempre viva del ánimo y nivel de madurez política de las masas sobre los organismos electos, en favor de un rígido esquema de emblemas y rótulos partidarios? ¡Todo lo contrario! Es precisamente la revolución la que crea, con su hálito ardiente, esa atmósfera política delicada, vibrante, sensible, en la que las olas del sentimiento popular, el pulso de la vida popular, obran en el momento sobre los organismos representativos del modo “más maravilloso. De este hecho dependen, con toda seguridad, los tan conocidos cambios de escena que invariablemente se presentan en las primeras etapas de toda revolución, cuando los viejos reaccionarios o los extremadamente moderados, que surgieron de una elección parlamentaria con sufragio limitado realizada bajo el antiguo régimen, súbitamente se transforman en los heroicos y ardientes voceros del alza. El ejemplo clásico es el del famoso “Parlamento Largo” de Inglaterra: fue electo y se reunió en 1642, permaneciendo en su puesto durante siete años completos. En ese periodo reflejó en su vida interna todas las alteraciones y desplazamientos del sentimiento popular, de la madurez política, de las diferenciaciones de clase, del progreso de la revolución hasta su culminación, desde la devota adoración a la corona del principio, cuando el orador permanecía de rodillas, hasta la abolición de la Cámara de los Lores, la ejecución de Carlos y la proclamación de la república.
¿Y acaso no se repitió la misma transformación maravillosa en los Estados Generales franceses, en el parlamento sujeto a la censura de Luis Felipe, e incluso (y este último ejemplo, el más impactante, le fue muy cercano a Trotsky) durante la Cuarta Duma rusa que, electa en el año de gracia de 1909, bajo el más rígido dominio de la contrarrevolución, sintió súbitamente el aliento ardiente de la revuelta que se preparaba y se convirtió en el punto de partida de la revolución?
Todo esto demuestra que “el farragoso mecanismo de las instituciones democráticas” cuenta con un poderoso correctivo, es decir con el movimiento vivo de las masas, con su inacabable presión. Y cuanto más democráticas son las instituciones, cuánto más vivo y fuerte es el pulso de la vida política de las masas, más directa y completa es su influencia, a pesar de los rígidos programas partidarios, de las boletas superadas (listas electorales), etcétera. Con toda seguridad, toda institución democrática tiene sus límites e inconvenientes, lo que indudablemente sucede con todas las instituciones humanas. Pero el remedio que encontraron Lenin y Trotsky, la eliminación de la democracia como tal, es peor que la enfermedad que se supone va a curar; pues detiene la única fuente viva de la cual puede surgir el correctivo a todos los males innatos de las instituciones sociales. Esa fuente es la vida política activa, sin trabas, enérgica, de las más amplias masas populares.
194 Alexander Kerenski (1881-1972): socialrevolucionario ruso. Patriota durante la guerra. Vicepresidente del Soviet de Petrogrado, ocupó varios puestos ministeriales durante 1917. Primer ministro del gobierno provisional. Derrocado por la Revolución de Octubre, murió en el exilio en EE.UU.
* Rosa Luxemburgo, “La Revolución Rusa”, pp. 390-393
https://www.marxists.org/espanol/luxem/11Larevolucionrusa_0.pdf

¿Qué es el Socialismo?

¿Qué es el socialismo?
A la debacle del “socialismo real”, a fines del siglo pasado, siguió una innegable crisis del pensamiento socialista y del movimiento obrero y revolucionario mundial. En la gran mayoría de los partidos comunistas y en la izquierda en general cundió la desesperanza. ¿Había fracasado el Socialismo? ¿Era aquello realmente Socialismo?
Los pensadores –la intelectualidad de la izquierda– luego de un impasse inicial, indagaron sobre las causas de la caída de aquel sistema, que otros anteriormente ya habían pronosticado, y comenzaron a proyectar nuevos “modelos” socialistas. Una buena parte de sus análisis atribuye el desastre a errores de tipo político tales como la mala dirección del Partido, la corrupción, la falta de democracia, y muchas otras por el estilo y, no pocas proyecciones, partiendo de tales evaluaciones, siguen, casi tres décadas después, haciendo énfasis en la necesidad de luchar por un “socialismo más humano, más participativo, y más democrático”, sin abordar la esencia del problema.
Las contradicciones principales del “socialismo real” deben buscarse en las relaciones de producción.
Todavía en la izquierda no se ha alcanzado un consenso sobre las verdaderas causas del derrumbe de aquel “socialismo” partiendo de un análisis de su Economía Política. Si queremos encontrar las verdaderas causas sistémicas que condujeron al desmoronamiento del “socialismo real” tenemos que aplicar el mismo método que empleamos para buscar las causas de las periódicas crisis capitalistas, debemos remitirnos a las relaciones económico-sociales que contraen los hombres en el proceso de producción, como las expuso claramente Carlos Marx.
Intentar pues, encontrar las causas principales de aquel desastre en el sistema político de “democracia socialista” con sus muchos defectos y violaciones de los derechos humanos, es tanto como pretender localizar las raíces de las crisis capitalistas en sus formas de gobierno y sus conocidas corrupciones.
Cuando en 1921 en Rusia se instauró la NEP (Nueva Política Económica), en el socialismo se introdujo el capitalismo de Estado, el cual traspasó luego al “Socialismo de Estado” el trabajo asalariado y sus demás vicios naturales como el burocratismo y la corrupción. A partir de entonces, las relaciones de producción en el “socialismo real” se caracterizaban esencialmente por la propiedad del Estado sobre los medios de producción, la planificación centralizada y el trabajo asalariado, en forma similar al capitalismo, con la diferencia de que en el capitalismo los medios de producción (capital constante) eran aportados por el dueño capitalista y en este eran proporcionados por el Estado. En ambos casos, los trabajadores tributaban la fuerza de trabajo, que era mal pagada como una mercancía más, destinada a producir la plusvalía propia del capitalismo, denominada “plus trabajo” en el “socialismo”: el excedente.
Si “la condición de la existencia del capital es el trabajo asalariado” como se expresa en el Manifiesto del Partido Comunista (1), la abolición del capital implica la eliminación de la condición de su existencia: el trabajo asalariado. Esta máxima de las ideas de Carlos Marx fue deshonestamente borrada de la terminología y la ideología del “marxismo-leninismo” desarrollado por Stalin para tratar de identificar el Capitalismo Monopolista de Estado con el Socialismo.
En verdad, tal “socialismo” que siguió basándose en el trabajo asalariado no era más que una especie de Capitalismo Monopolista de Estado –sin dueños capitalistas particulares– pero abigarrado, toda vez que el capitalismo tiene como finalidad la ganancia, mientras que esta versión “socialista” de capitalismo estatal se proponía la satisfacción de las necesidades crecientes de la población, a realizar en la esfera de la distribución, en forma similar al Estado de Bienestar, por medio de la buena y sabia voluntad del aparato estatal que “representaba los intereses de todo el pueblo”. Pero lo que califica a un sistema no son sus fines enunciados, sino sus formas y medios para conseguirlos.
Un problema histórico, antiguo de la filosofía, vuelve a la palestra: la correspondencia entre medios y fines. No es posible cualquier fin con cualquier medio. Los fines no justifican los medios, como afirmaba Maquiavelo, sino que los determinan. Consecuentemente la construcción de una nueva sociedad, tiene que ser realizada por nuevos medios, los que deben corresponder a sus fines. El trabajo asalariado que es la base de la explotación capitalista, no puede ser, por tanto, el medio para conseguir la sociedad sin explotadores ni explotados.
Así, las raíces de las crisis del “Socialismo de Estado”, como las correspondientes al capitalismo yacen en el régimen de explotación de la fuerza de trabajo asalariada y la forma de propiedad, que a su vez son las que determinan las maneras en que se distribuye el excedente, todo lo cual permite que unos se apropien y dispongan de la riqueza que otros producen.
Las contradicciones fundamentales del “Socialismo de Estado”, por basarse en el mismo sistema de explotación asalariada de la fuerza de trabajo (esencia de las relaciones de producción capitalistas) son similares a las que se muestran entre el trabajo y el capital, y entre la producción cada vez más social y la apropiación cada vez más privada, tienen orígenes similares, solo que, ahora las contradicciones son entre el trabajo y el capital estatal, y entre la producción social y la apropiación cada vez más concentrada en manos del aparato del Estado, razones por las cuales, sus manifestaciones sí que no son iguales.
A las contradicciones clásicas del capitalismo, el “Socialismo de Estado”, basado en la propiedad estatal y el trabajo asalariado, agregó otra crucial: la incompatibilidad entre los fines que se persiguen y los medios para conseguirlos.
Manifestaciones y consecuencias de esas contradicciones: las crisis en el capitalismo moderno y en el ““Socialismo de Estado”” neo-capitalista.
Marx, en la Crítica al Programa de Gotha (2) expresa: “El socialismo vulgar (y por intermedio suyo una parte de la democracia) ha aprendido de los economistas burgueses a considerar y a tratar la distribución como algo independiente del modo de producción, y, por tanto, a exponer el socialismo como una doctrina que gira principalmente en torno a la distribución. Una vez que está dilucidada la verdadera relación de las cosas, ¿porqué volver marcha atrás? “
El “Socialismo de Estado” neo-capitalista, retomó aquella vulgarización del socialismo e intentó erróneamente la justicia social igualitaria en la esfera de la distribución y el consumo y no en las relaciones de producción. Asumió el socialismo como una mejor distribución. Por eso y por necesitar de un enorme aparato burocrático para controlar sus recursos, el “Socialismo de Estado” precisa de un volumen de financiamiento que solo puede obtener de pagar salarios no directamente relacionados con los resultados de la producción, y por tanto, como media general social no paga con arreglo la cantidad y calidad del trabajo realizado, sino muy por debajo.
En consecuencia, el “Socialismo de Estado” tiende a una mayor explotación de los que trabajan, de la fuerza de trabajo (capital variable) para poder intentar su “vulgar socialismo distributivo”, beneficiar a los que menos producen y mantener los altos salarios, costos y prebendas de su aparato burocrático y sus órganos represivos, en lo que diluye la alta cuota de ganancia que consigue súper explotando el trabajo productivo.
El “Socialismo de Estado” mostraba así su innata incongruencia entre las relaciones de producción esencialmente capitalistas que mantuvo, y su enunciada finalidad de satisfacer las necesidades crecientes de la población. Algunas propuestas reformistas en el “Socialismo de Estado”, salpicadas de medidas neo keynesianas, planteaban superar esta contradicción del sistema mejorando los salarios de los trabajadores, aumentado su paga, remunerando las horas extras, focalizando –igual que el neoliberalismo– la seguridad social, estimulando el ahorro, aumentando las fuentes de trabajo y otras que atenuaban pero no resolvían el problema de fondo en las relaciones de producción y que, de aplicarse consecuentemente, según el criterio “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”, solo podían hacerse a costa de la “justicia social que se propone en la esfera de la distribución”.
La contradicción entre ese principio de la distribución socialista, heredado del capitalismo, y la intención de realizar la justicia social en la esfera de la distribución, es otra evidencia más de la incongruencia entre los fines y los medios del “Socialismo de Estado”, toda vez que el cumplimiento de tal principio dejaría al Estado sin los recursos suficientes para sostener su aparato burocrático, realizar su reproducción ampliada y hacer su “bondadosa” política distributiva. Queda así al descubierto la necesidad de un cambio en los medios, en la forma de organizar la producción, específicamente la forma de propiedad y en el trabajo asalariado.
El no pago adecuado de la fuerza de trabajo, por el “Socialismo de Estado” trajo afectaciones a la reproducción de la clase trabajadora, que se vio obligada a buscar salidas a su situación fuera del trabajo productivo para el Estado ya sea en la corrupción, el trabajo ilegal informal o en la emigración; la producción perdía así el estimulo principal que ofrecía el sistema para los trabajadores: su reproducción como clase trabajadora y la satisfacción de sus necesidades, con lo cual decaía el interés de los creadores de las riquezas por la producción sistémica y las consiguientes disminuciones relativas en la productividad y en medios producción y de consumo que provocaban los inevitables déficit de ofertas de mercancías. El “Socialismo de Estado” trató de suplir entonces su falta de estímulo material apelando a la solidaridad social, con arengas, premios y compulsiones “morales” y otras formas extraeconómicas.
Las causas de sus desastres siempre eran buscadas fuera del sistema y lo mismo se culpaba a la naturaleza por las malas cosechas, que a los vaivenes del mercado internacional, o a las necesidades de la defensa, la seguridad y otras, todas en ocasiones con reales –pero no determinantes– incidencias. Cuando no había manera de culpar a estos elementos externos, casi siempre la culpa recaía en los funcionarios “mal preparados” o los trabajadores que “todavía no tenían conciencia para sí y necesitaban ser educados política y económicamente”.
Para realizar su ciclo de reproducción, que también demanda grandes inversiones en capital constante como vía para tratar de aumentar la productividad y la producción y mantener la competitividad en el mercado mundial capitalista, el “Socialismo de Estado”, también se ve obligado a sacrificar, y cada vez más y en forma peor a los trabajadores productivos que debían crear riquezas para toda aquella distribución voluntarista, para la reproducción ampliada del sistema y las políticas internacionales.
Como consecuencia de la aplicación de este ciclo que afecta sobre todo a los trabajadores productivos, irremediablemente se manifestaba la constante y creciente tendencia hacia la disminución de la productividad, el estancamiento económico, la inflación y la escasez constante de recursos para la adquisición de productos tanto del sector I –medios de producción–, como del sector II –medios de consumo–.
Una de las “salidas” que buscaba siempre el “Socialismo de Estado” –que monopolizaba los mercados de ambos sectores– para garantizar su reproducción, era acudiendo a más restricciones en el sector II que, a su vez, llevaba al aumento de los precios por la ley de oferta y demanda, lo cual por término medio afectaba más a los salarios de los productores directos que a los receptores indirectos de beneficios generales del sistema (subsidios y prebendas) que van por fuera del salario.
Otras de sus “soluciones” clásicas era acudir a los créditos para adquirir medios de consumo, deudas luego impagables por improductivas y a las inversiones directas de capital extranjero, que por su naturaleza arrastran todos sus vicios y entran en contradicción con las regulaciones salariales y de todo tipo impuestas por el capital estatal, por lo cual terminan imponiéndose económicamente si se le permite el libre desarrollo –caso chino–, o complicando las relaciones sociales para finalmente retirarse si encuentra muchas dificultades para su reproducción.
De otra parte, los bajos salarios reales que precisa el “Socialismo de Estado” neo-capitalista, como condición de su reproducción, incentivan indirectamente el desplazamiento de muchos trabajadores calificados y eficientes al trabajo individual, la producción mercantil simple, que “increíblemente” se vuelve aquí más rentable y productiva, por el simple efecto del auto respeto a su reproducción, ocurriendo un proceso inverso al que se da en el capitalismo que tiende a absorber de manera natural a la pequeña producción. Esto explicaría la forma violenta en que el neo-capitalismo “socialista” de Estado reaccionaba contra la pequeña burguesía, expropiándola, tratando de imponerle todo tipo de trabas y acusándola de generar “capitalismo”, cuando en verdad explotaban mucho menos a sus trabajadores.
La fuerza de trabajo en ese “Socialismo de Estado” es, por tanto, más explotada y, por consiguiente, la contradicción entre el Estado todo poseedor y el trabajo peor pagado, se hacía más insostenible para los que producían directamente bienes o servicios, lo que explicaría tanto la disposición mayoritaria de sus productores –especialmente los más preparados– a pasar al capitalismo clásico, siendo esta la mayor inestabilidad y debilidad –en todos los órdenes– del “Socialismo de Estado”.
Esas eran las razones por las cuales, los obreros del “Socialismo de Estado” europeo, cuando se comparaban con los obreros del capitalismo europeo, notaban que sus niveles de vida y consumo eran muy inferiores. Y no estamos evaluando el consumismo inherente a las clases explotadores, que nunca ha tenido nada que ver con el consumo de la clase trabajadora para su reproducción.
Esta mayor explotación relativa de la fuerza de trabajo productiva, tuvo consecuencias doblemente contraproducentes, pues ocurrió que la distribución del excedente resultante, era realizada además, en función de intereses objetivamente predeterminados por la separación real que existía entre los medios de producción y los productores, y la consecuente existencia de un aparato burocrático agigantado, que haciendo las veces de dueño, se veía obligado a cuidar y responder por sus bienes y su propia reproducción como ente social, razón que lo llevaba, cada vez más, a separarse de los intereses del pueblo y los trabajadores. Este controvertido gasto burocrático afectaba a su vez la reproducción ampliada del capital estatal.
Tan enorme aparato, por muy buenas intenciones que poseyera, situado fuera del control real de la sociedad –sólo posible de realizar mediante la socialización de los medios de producción y su gestión mediante las formas autogestionarias, la apropiación en beneficio de los colectivos obreros y sociales– tendió por naturaleza, en razón de su posición respecto a los medios de producción, al burocratismo y a la corrupción en grados extremos.
La legalidad, las libertades, la democracia y los derechos que se suponían al Socialismo, eran violados como consecuencias de aquel régimen de explotación encubierto y de las necesidades lógicas de control del aparato burocrático para mantener su dominio en aquella sociedad. El Estado, cuando debió caminar hacia su extinción, disminuyendo sus funciones de control social y económico en beneficio de los colectivos sociales y de trabajadores, en cambio tendió a su fortalecimiento y al desarrollo de nuevos sistemas y métodos de controles cada vez más sofisticados y centralizados. En la práctica aquel “Socialismo de Estado”, particularmente en la URSS, generó formas en el comportamiento social de su burocracia, más parecidas a las de los señores feudales que a las de los propios capitalistas, como aquella de la nomenclatura cuyos miembros –una especie moderna de upátridas atenienses– eran los únicos que podían ocupar responsabilidades públicas.
Un factor adicional que comprometió la inversión en el “Socialismo de Estado”, fue la carrera armamentista y el mantenimiento de un ejército de enormes proporciones, que en el capitalismo es un escape para la inversión de capitales ociosos y la creación de fuentes de trabajo a costa del presupuesto-parásito del Estado (3), pero para el “Socialismo de Estado” era un consumidor improductivo de recursos, técnicas de alta tecnología y finanzas que recaía directamente sobre los hombros y estómagos de los trabajadores.
Si en el sistema capitalista de producción, la tan cacareada “democracia representativa”, no es más que una dictadura del capital sobre el trabajo, en aquel “Socialismo de Estado”, la dicotomía engendrada y desarrollada entre el Estado todo poseedor y el pueblo trabajador, convertía en realidad a la “democracia socialista” igualmente en la dictadura del aparato del Estado neocapitalista sobre el trabajo.
Como resultado, las contradicciones propias del capitalismo traspasadas al neo-capitalismo estatal creído socialismo, en lugar de ser resueltas, fueron agudizadas aun más, aunque sus manifestaciones y consecuencias fueran distintas.
Entonces vino, necesariamente, a hacer acto de presencia la ley general del desarrollo de la historia humana, descubierta por Marx y descrita brillantemente en su Prólogo a la Contribución de la Crítica de la Economía Política, según la cual: “En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones que son necesarias e independientes de su voluntad, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre lo que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto con las relaciones de producción dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De forma de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social.” (4)
Aquel intento socialista, devenido Capitalismo Monopolista de Estado, mezcla de viejos métodos –“las armas melladas del capitalismo”, según el Che, entre las que se destaca como principal el trabajo asalariado– para nuevos propósitos, fue superado por el agotamiento político de las masas trabajadoras, aprovechado por los nuevos capitalistas creados por aquel mismo Estado, que buscaban un mejor despliegue de las fuerzas productivas contenidos en aquella sociedad y todavía organizadas sobre la base del trabajo asalariado. Las relaciones de producción capitalistas, fueron así depuradas de las reminiscencias feudales que surgieron con el “Socialismo de Estado”.
La solución de las contradicciones en el capitalismo y en el “Socialismo de Estado”: El Socialismo.
La nueva forma de producción socialista había sido descubierta por Marx, en el régimen de trabajo de las cooperativas nacidas en el propio seno del capitalismo. Este sistema de producción elimina las contradicciones entre el capital y el trabajo y entre la producción social y la apropiación privada, en tanto que los propios trabajadores asociados, dueños colectivos de sus medios de producción, aprovechan más racionalmente su fuerza de trabajo, administran democráticamente su gestión productiva y controlan y distribuyen el excedente.
Si de Economía Política estamos tratando y no de quimeras y utopías, el socialismo es por tanto el nuevo régimen económico-social de producción basado en el cooperativismo y la autogestión, llamado a sustituir al sistema de explotación capitalista, cimentado en el trabajo asalariado y la propiedad capitalista, privada o estatal. Este nuevo régimen, que ya no tendrá como propósito la producción de mercancías para obtener la ganancia, la plusvalía, en su desarrollo conducirá al comunismo, y la lógica de su Economía Política será distinta a la de la producción mercantil.
Los caracteres colectivistas, democráticos y libertarios que respectivamente portan las formas de propiedad, gestión, y distribución de las relaciones cooperativistas y autogestionarias, serán los que se proyectarán en las instituciones políticas, sociales, judiciales e ideológicas de la superestructura de la nueva sociedad; tanto como los caracteres privados, antidemocráticos y autoritarios inherentes a la propiedad, la gestión, y la distribución de las relaciones de producción capitalistas, se manifiestan en las instituciones políticas, sociales, jurídicas e ideológicas de su superestructura.
Guardando dichos caracteres, ya las formas y maneras específicas que asuman las organizaciones e instituciones políticas, sociales, jurídicas y otras de la conciencia social, así como los demás aspectos de la superestructura tendrán expresiones tan variadas como diversos son la idiosincrasia, la cultura, la historia y el desarrollo económico de cada país; tal y como ocurrió en el capitalismo, que teniendo la misma forma de explotación en todas partes, sus maneras y entramados políticos y superestructurales fueron y son, muy diversos, pero manteniendo la esencia, el sello de sus caracteres sistémicos.
En consecuencia, pretender un “modelo” de estructura organizativa, estatal, política, jurídica o sociocultural, o un conjunto de normas que rijan la nueva superestructura socialista, sería tanto como intentar negar la rica diversidad de la humanidad. Algunos insisten en definir que serán sociedades humanísticas, libertarias, democráticas, inclusivas, protagónicas, etc., tales cualidades siempre fueron propósitos del pensamiento revolucionario de todos los tiempos, convertidos en letra muerta en todos los regímenes anteriores, solo pueden manifestarse como fines y medios al mismo tiempo, a través del desarrollo y avance de la nueva sociedad basada en esas nuevas relaciones socialistas de producción que, como hemos visto, hasta ahora no han sido puestas en práctica en país alguno.
C. Marx, en el Manifiesto Inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores, señala: “Pero estaba reservado a la Economía política del trabajo alcanzar un triunfo más completo todavía sobre la Economía política de la propiedad. Nos referimos al movimiento cooperativo, y sobre todo a las fábricas cooperativas, creadas sin apoyo alguno, por iniciativa de algunos obreros audaces.
Es imposible exagerar la importancia de estos grandes experimentos sociales, que han mostrado con hechos, no con simples argumentos, que la producción en gran escala y al nivel de las exigencias de la ciencia moderna, puede prescindir de la clase de los patronos, que utiliza el trabajo de la clase obrera; han mostrado también que no es necesario a la producción que los instrumentos de trabajo estén monopolizados como instrumentos de dominación y de explotación contra el trabajador mismo; y han mostrado, por fin, que lo mismo que el trabajo esclavo, lo mismo que el trabajo siervo, el trabajo asalariado no es sino una forma transitoria inferior, destinada a desaparecer ante el trabajo asociado que cumple su tarea con gusto, entusiasmo y alegría.” (5)
Este sistema, sustentado en la autogestión obrera, que Marx y Engels identificaron en múltiples ocasiones como la nueva forma de trabajo llamada a sustituir el régimen asalariado, fue también la que señaló Lenin en 1923, cuando ya no ejercía el control del partido ni del estado, como la vía para avanzar en el socialismo, en su último e importantísimo trabajo teórico relativo a la construcción socialista: “Sobre la Cooperación” (6).
Si en 1864, hace casi siglo y medio, ya Marx reconocía que no eran necesarios los capitalistas ni el trabajo asalariado para la producción en gran escala, y lo mismo expresaba Lenin en 1923 en aquella Rusia atrasada y destruida, no parece sostenible hoy el argumento de que el capitalismo (de Estado o el que sea) sigue siendo necesario para desarrollar las fuerzas productivas, toda vez que salvo las sociedades tribales selváticas que todavía quedan en África y en algunas zonas americanas y asiáticas, en el resto del mundo existen, por lo menos, niveles medios de capitalismo.
Tan cierto es que la autogestión obrera es el camino a la solución de las contradicciones del capitalismo, que muchas empresas capitalistas modernas emplean parcialmente el sistema autogestionario surgido en el cooperativismo, para evitar el paro obrero, procurar una mayor participación de los trabajadores en la gestión empresarial y, por esa vía, tratar de preservar el sistema capitalista.
Si las contradicciones fundamentales del sistema capitalista, se resolverán a través del trabajo asociado cooperativo –la Autogestión Empresarial Obrera y Social– y ya vimos que las contradicciones del “Socialismo de Estado” neo-capitalista son esencialmente las mismas, no así sus manifestaciones, la lógica indicaría que la solución de sus contradicciones podría ser a partir de la autogestión obrera. Sin embargo, la práctica ha traído otros resultados.
Allí donde el desarrollo del capitalismo estatal “socialista” se hizo absoluto, total, y degeneró a formas semi-feudales, –caso típico URSS– evolucionó hacia el capitalismo clásico que significaba un paso de avance, por cuanto comportaba una liberación de las fuerzas productivas que el “Socialismo de Estado” neocapitalista constreñía. Cuando, como en China, el Capitalismo Monopolista de Estado evolucionó a su forma clásica con participación también de capitalistas individuales, la tendencia ha sido a la paulatina absorción del capitalismo estatal por el capitalismo nacional e internacional. La experiencia mundial de los últimos 28 años ha demostrado que el Capitalismo Monopolista de Estado es incapaz de conducir al socialismo, solo quedaría la posibilidad antes de que degenere a formas semifeudales –caso de Corea del Norte– o sea dominado por el capitalismo nacional y extranjero, como está ocurriendo en China y Vietnam.
Hay una diferencia muy clara entre la experiencia rusa y la china, de capitalismo de Estado: En la URSS el Capitalismo Monopolista de Estado “socialista” tuvo que fracasar para que se implantara el capitalismo clásico, en China lo implantó el propio “Socialismo de Estado”.
Se trata de que acabemos de entender que nunca en el “Socialismo de Estado”, se desarrollaron las relaciones socialistas de producción basadas en el cooperativismo y la autogestión obrera y que se quedó estancado en el neo-capitalismo de Estado. Nunca se creó la base económica socialista. Esto fue así porque las Revoluciones políticas en Rusia y China que comenzaron las Revoluciones sociales con la expropiación de los medios de producción en poder de la burguesía industrial y agraria, se quedaron varadas en la concentración de la propiedad en el Estado y continuaron aplicando el régimen de explotación asalariado, por lo cual no cambió la esencia de las relaciones de producción, no cambió la base de la sociedad al no socializar la propiedad y la apropiación. Aquel engendro resultante fue después erróneamente identificado, divulgado y aceptado como “socialismo”, no obstante las diferencias en los niveles de desarrollo, las idiosincrasias y las culturas de ambos países.
El mantenimiento y fortalecimiento del capitalismo estatal en el “socialismo”, fue el que impregnó a aquellos Estados “socialistas”, a sus gobiernos y demás instituciones de sus superestructuras de sus enajenantes formas antidemocráticas, monopólicas, totalitarias y explotadoras.
Estas experiencias corroboraron una vez más en la Historia que las revoluciones políticas para hacerse irreversibles, deben completar cabalmente su ciclo social, pues de lo contrario se quedan en los marcos de la superestructura anterior, que siempre responderá a su base económica –fuerzas productivas y relaciones de producción– soporte de la reversibilidad. Es imposible un nuevo modo de producción sin una nueva base económica. Son imposibles los paradigmas socialistas, sin las correspondientes relaciones de producción de tipo socialista, sin el empoderamiento político y económico del proletariado.
El capitalismo de Estado, importado al socialismo con la NEP, fue concebido inicialmente solo como una necesidad temporal para sacar a Rusia del desastre de la guerra, la intervención extranjera y el comunismo de guerra, pero tanto se desarrolló y creció en lugar de las relaciones socialistas de producción –el cooperativismo y la autogestión obrera– que las desplazó hasta llegar a imponerse casi totalmente. He ahí la génesis de la debacle.
Luego de la muerte de Lenin, la concepción marxista y leninista, sobre el carácter cooperativista de las nuevas relaciones de producción socialistas, fue secuestrada y suplantada por la noción del neo-capitalismo de Estado. Hubo cooperativas, sí, pero solo en la agricultura y limitadas en todo sentido, y se intentaron relaciones basadas en la autogestión, pero siempre obstaculizadas por el centralismo burocrático.
El único país europeo que avanzó a cambios importante en las relaciones de producción, en la base de la sociedad fue Yugoslavia, cuyo proceso autogestionario fracasó porque se violaron los principios mismos de la Autogestión Empresarial Obrera y Social, especialmente la democracia de la gestión y el carácter social de la autogestión, violaciones que estimularon las contradicciones clasistas, étnicas, regionales y religiosas de aquel Estado multinacional.
La Liga de los Comunistas de Yugoslavos (LCY) que primero apoyó la plena autogestión a nivel empresarial, no supo contrarrestar tendencias contrarias a la autogestión social socialista (el cooperativismo visto como sistema social integral) para garantizar la unidad del conjunto. La LCY trató luego de remediar la situación imponiendo una mayor centralización que, en lugar de detener la desintegración, la aceleró y estimuló aun más las agudas contradicciones subyacentes en aquella compleja sociedad.
Esta experiencia es muy importante en tanto que ha permitido darle base científica a la noción de la autogestión social enunciada por los clásicos, como una combinación de la autogestión empresarial con los intereses de la sociedad en su conjunto.
El otro factor que torpedeó y ayudo a hundir la autogestión yugoslava fue el estrangulamiento a dos manos que escenificaron el Estalinismo y el Imperialismo. El primero aisló económica y políticamente a Yugoslavia del existente campo socialista, empujándolo al comercio y los créditos de Occidente, de lo cual el Imperialismo se aprovechaba para penetrar con sus capitales y exacerbar las contradicciones internas que enfrentaba el novel sistema yugoslavo.
La experiencia del “socialismo europeo”, especialmente de la URSS que tomamos como modelo de análisis, demostró que la Revolución social no puede detenerse en ninguna fase y que mientras mayor sea la consolidación del Capitalismo Monopolista de Estado en el socialismo, mayores serán las dificultades para el avance hacia las formas socialistas de producción. Tal desviación resultó en un régimen mucho más discordante que el propio capitalismo, como ya vimos, y provocó también formas más antagónicas en la superestructura, como el totalitarismo, el abuso de poder, la superexplotación, el burocratismo aberrante, la represión, la corrupción generalizada y otras, razones por las cuales estaba destinado a desaparecer mucho más rápido que el propio sistema capitalista y derivar al capitalismo clásico, como acertadamente previó Ernesto (Che) Guevara con 25 años de anticipación.
El momento de reorientar el camino hacia relaciones socialistas basadas en el cooperativismo y la autogestión, en el caso de Rusia, lo señaló Lenin en 1923, un año antes de su muerte, en su crucial obra ya citada Sobre la Cooperación, pero para desgracia de la URSS y el socialismo mundial, el Partido Comunista dirigido por Stalin siguió el camino del fortalecimiento del capitalismo de Estado.
Cuando vino la debacle, el capitalismo clásico fue la opción a mano para aquellos pueblos, pero no porque fuera mejor que el socialismo que nunca existió, que nunca se probó, sino porque representaba más ventajas que el neo-Capitalismo Monopolista de Estado creído socialista. Aquellos trabajadores, agobiados por decenios de explotación y opresión política en nombre del “socialismo”, no podían emprender el verdadero camino socialista pues no tenían el control necesario sobre el Estado ni sobre los medios de producción que, en su caso, intento que se propuso la perestroika en la URSS, pero que fue incapaz de concretar, entre otras causas por la oposición de la burocracia partidista. Esta es una lección histórica muy importante de aquella debacle.
Fueron las contradicciones señaladas, las causantes sistémicas principales del desmoronamiento agravadas por las abundantes desviaciones políticas resultantes de aquellas, como la mala dirección, las ausencia de democracia, la violación de los derechos humanos políticos y económicos, la corrupción generalizada, el nepotismo, los privilegios, etc., todas presentes, pero ninguna determinante. Toda esta sería una breve explicación, desde el punto de vista de la economía política marxista, al desastre del “socialismo real” que, por mucho que quisiera ignorar las leyes de la producción capitalista, por basarse en la explotación del trabajo asalariado, se mantenía inevitablemente atado a ellas.
Si aquel desvarío basado en el control total del Estado sobre el capital, llevó al desastre a la Europa que pretendió el socialismo, en China el predominio mayoritario del control extranjero y privado sobre el capital, en relación con la parte que controla el Estado y donde el cooperativismo existe solo comunalmente en alguna regiones y es muy débil, está conduciendo a una forma más clásica de capitalismo de Estado, pero capitalismo al fin, donde además de éste, existen otros capitalistas privados nacionales y extranjeros que ya van siendo predominantes y se sirven de aquel y a la larga tenderán, naturalmente, a devorarlo con la privatización creciente. El desarrollo que se aprecia en China, no es por tanto, el desarrollo del socialismo, sino el desarrollo del capital extranjero, privado y estatal, por ese orden, a costa de la explotación de los trabajadores y el pueblo chinos.
La reacción internacional ha presentado aquel desastre de los años 90 como consecuencia de la rebeldía obrera y popular contra el socialismo, para tratar de denigrarlo, cuando en verdad fue contra la desviación del socialismo y la más grande evidencia, en la segunda mitad del Siglo XX, de rechazo popular a la explotación y la conculcación de los derechos ciudadanos en que había degenerado aquel intento socialista devenido neo-capitalismo estatal.
Politólogos de la izquierda moderna escriben sobre la necesidad de un “nuevo socialismo”, la conveniencia de reformularlo y repensarlo, en la búsqueda de un socialismo “moderno”, del “Siglo XXI”, el del “futuro”, el “deseable” o el “posible”, buscándole mejores atributos a la forma de distribución, a sus instituciones democráticas y representativas, a sus leyes “más humanas”, a sus “libertades de creación, expresión y manifestación”, fenómenos todos de la superestructura, que en realidad se verificarán más por la práctica del perfeccionamiento de la nueva sociedad sobre su propia marcha, que por las construcciones ideales de mentes bienintencionadas o de las mejores plumas humanísticas. Algunos intelectuales han llegado a elucubrar sus “construcciones socialistas” fuera del marxismo, en banal ejercicio hierático.
Muchas de estas “variantes” que concentran su atención en las bondades que debe presentar el “nuevo socialismo”, sobre todo en la esfera distributiva y sus alicientes libertarios, olvidan, desconocen tal vez, que las formas de expresión jurídica, política y social, están indisolublemente ligadas y determinadas por las relaciones de producción y propiedad que junto al desarrollo de las fuerzas productivas, constituyen la base sobre la cual se erige todo el andamiaje de la superestructura social y, particularmente, la distribución del excedente.
Las relaciones de producción en las que se basará el nuevo régimen, la Autogestión Empresarial Obrera y Social, el cooperativismo y el trabajo individual y familiar anularán las irreconciliables contradicciones del capitalismo, porque los propios dueños colectivos y asociados de los medios de producción administrarán democráticamente su fuerza de trabajo y distribuirán el excedente, sistema de trabajo que sustituirá al “trabajo asalariado forma transitoria inferior, destinada a desaparecer ante el trabajo asociado que cumple su tarea con gusto, entusiasmo y alegría.”(5)
El objetivo del nuevo sistema no será ya la producción de mercancías, para obtener ganancias a través de la plusvalía, nacida del trabajo asalariado y realizada en el mercado. La lógica de la nueva organización productiva socialista, a la que se llegará a través de un proceso y no de golpe, se distanciará paulatinamente de la anterior, en la medida en que el intercambio de mercancías vaya siendo sustituido por el intercambio de equivalentes.
De manera que: ley del valor, trabajo abstracto, valor de uso y valor de cambio, mercancía, mercado, plusvalía, ley de oferta y demanda, ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia y demás leyes y categorías de la economía mercantil, seguirán funcionando por algún tiempo, mientras las relaciones de producción socialistas llegan a ser predominantes, pero se irán modificando hasta desaparecer en el traspaso del umbral del comunismo, que basará su sistema productivo en otros medios y fines, a los que corresponderán otras leyes y categorías.
Como el socialismo se irá consolidando paulatinamente por países y a escala internacional en la medida en que vayan predominando las relaciones socialistas de producción (léase cooperativismo y autogestión), no parece probable ni científico definir desde ahora, cuándo sería posible considerar que se haya terminado de construir la primera fase socialista de la nueva sociedad, fenómeno que, de acuerdo con el análisis de los anteriores regímenes de producción, debería más bien ser considerado como un proceso en desarrollo, sin establecer plazos determinados.
Una honesta distribución democrática del excedente, una verdadera igualdad que permita similares accesos a la cultura, la salud, la educación, el deporte, la recreación, y a una seguridad social efectiva; una auténtica igualdad ante la ley de las mujeres, las etnias, los religiosos y los discriminados por cualquier razón; una fidedigna democracia protagónica que brinde a todos por igual posibilidades de ser electos para responsabilidades sociales; una real libertad de creación y expresión humanas solo son posibles en una sociedad de hombres libres, que no estén obligados a vender a nadie su fuerza de trabajo para vivir y satisfacer sus necesidades.
Tal sociedad irá apareciendo en la medida en que los medios de producción vayan siendo francamente socializados y primordialmente pertenezcan en usufructo o propiedad a los colectivos de trabajadores asociados, quienes aprovechan su fuerza de trabajo en su bienestar y el de la sociedad en su conjunto y no en interés de los capitalistas, sean privados o estatales.
Ciertamente, la nueva sociedad socialista sigue siendo hoy una intención. Lo ocurrido hasta ahora más bien serviría para explicar lo que no es socialismo, como muy acertadamente describe el Profesor Michael A. Lebowitz, en su reciente artículo ¿Qué es el socialismo?, del mismo nombre que éste (7). De manera que intentar teorizar sobre la Economía Política de la nueva sociedad, debe partir de las proyecciones que nos legaron los clásicos y precisamente de esas fallidas experiencias y de las que se mantienen en la contienda, todo lo cual permite solo acercamientos generales, no un camino expedito.
Ese nuevo sistema socialista que armonizará los intereses de la sociedad con los de las regiones, los de los colectivos de trabajadores, los de los trabajadores mismos y con los de la naturaleza, es el único que puede salvar a la humanidad y a nuestro planeta de perecer a causa de la insaciable voracidad del capitalismo.
Los grandes problemas globales que enfrenta la humanidad, los múltiples problemas medioambientales, las enfermedades, la paulatina escasez de recursos no renovables, el hambre crónica de pueblos enteros, las migraciones incontrolables, la sustentabilidad, los choques de culturas y religiones, el terrorismo internacional y de Estado, el narcotráfico, las amenazas de guerras infernales, el armamentismo nuclear y de otras armas de exterminio masivo, un verdadero nuevo orden económico internacional, y las crisis de todo tipo, irán encontrando soluciones estables en la medida en que vaya avanzando, internacionalmente, el nuevo régimen económico-social socialista sobre las bases democráticas libertarias y colectivas que proporcionan la Autogestión Empresarial Obrera y Social.
Todas esas pandemias persistirán mientras existan el imperialismo y el régimen capitalista, cuya naturaleza sistémica, los engendra, reproduce, facilita o simplemente ignora. Pretender su solución a partir de la buena voluntad de los grandes y pequeños poderosos para que cambien sus políticas, ha sido una de las tantas quimeras del complejo Siglo XX, y de las elites del “Socialismo de Estado”.
La fuerza de los trabajadores y los desposeídos, está en su número: usémosla. La unidad internacional de todos los trabajadores, en todos los países, su frente común contra el capital internacional, debe ser retomada. Impulsemos por todas las vías posibles, principalmente en el seno de los países capitalistas desarrollados, en sus masas de trabajadores la conciencia de que el régimen de explotación capitalista y especialmente sus grandes empresas transnacionales, son los responsables directos o indirectos de todo el desastre que ya vive una parte de la humanidad y hacia el cual avanza el mundo. Ese régimen es el que hay que superar. La forma de iniciar y lograr el cambio ya es cuestión de las circunstancias históricas concretas de cada país, de sus trabajadores, de sus respectivos pueblos.
Simplemente hay que rescatar a Marx. La lucha por el “nuevo” socialismo autogestionario, colectivista democrático y libertario, en el seno del Imperialismo, en las modernas sociedades capitalistas, es la clave para la solución de los grandes problemas de la humanidad. La globalización que no es otra cosa que la internacionalización y la concentración cada vez mayor del capital prevista por los fundados del Socialismo Científico (identificativo que algunos prefieren no usar) posibilita como nunca antes la unidad de las luchas contra el imperialismo entre los distintos destacamentos nacionales de la clase obrera moderna, los movimientos sociales y alter-mundistas y las reivindicaciones de los países en desarrollo y más atrasados, teniendo como fin común la lucha por la autogestión social.
Solo una sociedad capaz de estructurarse sobre la base del predominio de las nuevas relaciones de producción, entendidas como el cooperativismo y la autogestión social, posibilitará la realización de todas las aspiraciones democráticas, libertarias, humanas y socialistas que las mentes progresistas de todos los hombres, en todas las épocas, han desarrollado como arquetipos de la humanidad y posibilitará superar todas las grandes contradicciones y retos que actualmente enfrenta la humanidad, derivados del capitalismo.
Conseguir ese socialismo añorado por muchos, esos paradigmas sociales, pasa por la lucha consecuente, en todos los países, de todo el movimiento obrero, revolucionario y progresista, por el establecimiento paulatino del nuevo régimen social basado en el predominio de las relaciones socialistas de producción: la autogestión empresarial obrera y social.
Solo entonces será realidad el Socialismo y comenzará la verdadera historia humana.
Bibliografía.
1) C.Marx y F. Engels, El Manifiesto del Partido Comunista. OE. en tres tomos. T-I. Editorial Progreso. Moscú 1973
2) C. Marx. Crítica al Programa de Gotha, O.E, en tres Tomos, T-III, Editorial Progreso, Moscú 1974
3) A reservas de que los presupuestos actuales del imperialismo, merecen un análisis especial aparte, como quiera que se les mire, constituyen una institución parásita que se alimenta de los contribuyentes para beneficio general principal del sistema capitalista moderno. Nota del autor.
4) C. Marx. Prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política. C. Max y F. Engels OE. en tres tomos. T-I. Editorial Progreso. Moscú 1973.
5) C. Marx. Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores. OE. en tres tomos. T-II. Editorial Progreso. Moscú 1973
6) V.I. Lenin. Sobre la Cooperación. OC. T- XXXIII. Editora Política. La Habana.1964
7) Michael A. Lebowitz. ¿Qué es el socialismo? Publicado en La Haine el 11.08.06

José Martí y los partidos políticos.

A su pueblo se ha de ajustar todo partido público, y no es la política más, o no ha de ser, que el arte de guiar, con sacrificio propio, los factores diversos u opuestos de un país de modo que, sin indebido favor a la impaciencia de los unos ni negación culpable de la necesidad del orden en las sociedades -sólo seguro con la abundancia del derecho- vivan sin choque, y en libertad de aspirar o de resistir, en la paz continua del derecho reconocido, los elementos varios que en la patria tienen titulo igual a la representación y la felicidad. Un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea, ni el empeño pueril de realizar en una agrupación humana el ideal candoroso de un espíritu celeste, ciego graduado de la universidad bamboleante de las nubes. De odio y de amor, y de más odio que amor, están hechos los pueblos; sólo que el amor, como sol que es, todo lo abrasa y funde; y lo que por siglos enteros van la codicia y el privilegio acumulando, de una sacudida lo echa abajo, con su séquito natural de almas oprimidas, la indignación de un alma piadosa. Con esas dos fuerzas: el amor expansivo y el odio represor -cuyas formas públicas son el interés y el privilegio- se van edificando las nacionalidades. La piedad hacia los infortunados, hacía los ignorantes y desposeídos, no puede ir tan lejos que encabece o fomente sus errores. El reconocimiento de las fuerzas sordas y malignas de la sociedad, que con el nombre de orden encubren la rabia de ver erguirse a los que ayer tuvieron a sus pies, no puede ir hasta juntar manos con la soberbia impotente, para provocar la ira segura de la libertad poderosa. Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia.
Hay que deponer mucho, que atar mucho, que sacrificar mucho, que apearse de la fantasía, que echar pie a tierra con la patria revuelta, alzando por el cuello a los pecadores, vista el pecado paño o rusia: hay que sacar de lo profundo las virtudes, sin caer en el error de desconocerlas porque vengan en ropaje humilde, ni de negarlas porque se acompañen de la riqueza y la cultura. El peligro de nuestra sociedad estaría en conceder demasiado al empedernido espíritu colonial, que quedará hoceando en las raíces mismas de la república, como si el gobierno de la patria fuese propiedad natural de los que menos sacrifican por servirla, y más cerca están de ofrecerla al extranjero, de comprometer con la entrega de Cuba a un interés hostil y desdeñoso, la independencia de las naciones americanas:-y otro peligro social pudiera haber en Cuba: adular, cobarde, los rencores y confusiones que en las almas heridas o menesterosas deja la colonia arrogante tras sí, y levantar un poder infame sobre el odio o desprecio de la sociedad democrática naciente a los que: en uso de su sagrada libertad, la desamen o se le opongan. A quien merme un derecho, córtesele la mano, bien sea el soberbio quien se lo merme al inculto, bien sea el inculto quien se lo merme al soberbio. Pero esa labor será en Cuba menos peligrosa, por la fusión de los factores adversos del país en la guerra saneadora; por la dignidad que en las amistades de la muerte adquirió el liberto ante su señor de ayer; por la peculiar levadura social que, aparte de la obra natural del país, llevarán a la república las masas de campesinos y esclavos emigrados, que, a mano con doctores y ricos de otros días y próceres de la revolución, han vivido, tras veinticinco años de trabajar y de leer, y de hablar y oír hablar, como en ejercicio continuo y consciente de la capacidad del hombre en la república. Y mientras una porción reacia e ineficaz, la porción menos eficaz, del señorío cubano antiguo, se acorrala injusta y repulsiva, contra este pueblo nuevo de cultura y virtud, de mentes libres y manos creadoras, otra porción del señorío cubano, mucho más poderosa que aquella, ha vivido dentro de la masa revuelta, ha conocido y guiado su capacidad, ha trabajado mano a mano con ella, se ha hecho amar de la masa, y es amado, ¡y hoy rodaría por tierra, mente a mente, mucho menguado leguleyo que le negase la palabra superior a mucho hijo de esta alma-madre del trabajo y la naturaleza! En Cuba no hay duelo entre un señorío desdentado y napolitano y el país, de suyo tan moderado como desigual, en que, con la pura esperanza de la libertad suficiente, se reúnen por el respeto del esfuerzo común, los hombres delcampo y de la esclavitud y del oficio pobre, conscientes ya de sus derechos y del riesgo de exagerarlos, con todo lo que hay de útil y viril, de fundador y de piadoso, en el antiguo señorío cubano. Del alma cubana arranca, decisivo, el deseo puro de entrar en una vida justa, y de trabajo útil, sobre la tierra saneada con sus muertos, amparada por las sombras de sus héroes, regada con los caudales de su llanto. La esperanza de una vida cordial y decorosa anima hoy por igual a los prudentes del señorío de ayer, que ven peligro en el privilegio inmerecido de los hombres nulos,-y a los cubanos de humilde estirpe, que en la creación de sí propios se han descubierto una invencible nobleza. Nada espera el pueblo cubano de la revolución que la revolución no pueda darle. Si desde la sombra entrase en ligas, con los humildes o con los soberbios, sería criminal la revolución, e indigna de que muriésemos por ella. Franca y posible, la revolución tiene hoy la fuerza de todos los hombres previsores, del señorío útil y de la masa cultivada, de generales y abogados, de tabaqueros y guajiros, de médicos y comerciantes, de amos y de libertos. Triunfará con esa alma, y perecerá sin ella. Esa esperanza, justa y serena, es el alma de la revolución. Con equidad para todos los derechos, con piedad para todas las ofensas, con vigilancia contra todas las zapas, con fidelidad al alma rebelde y esperanzada que la inspira, la revolución no tiene enemigos, porque España no tiene más poder que el que le dan, con la duda que quieren llevar a los espíritus, con la adulación ofensiva e insolente a las preocupaciones que suponen o halagan en nuestros hombres de desinterés y grandeza, los que, so capa de amar la independencia de su país, aborrecen a cuantos la intentan, y procuran, para cuando no la puedan evitar, ponerse de cabeza, dañina y estéril, de los sacrificios que ni respetan ni comparten.
Para andar por un terreno, lo primero es conocerlo. Conocemos el terreno en que andamos. Nos sacarán a salvo por él la lealtad a la patria que en nosotros ha puesto su esperanza de libertad y de orden,-y la indulgencia vigilante, para los que han demostrado ser incapaces de dar a la rebelión de su patria energía y orden. Sea nuestro lema: libertad sin ira.
José J. Martí. OC, 03:139-141

El papel del estado en el Socialismo debe disminuir progresivamente.

Federico Engels escribió en Anti-Dühring: «El proletariado toma en sus manos el Poder del Estado y comienza por convertir los medios de producción en propiedad del Estado. Pero con este mismo acto se destruye a sí mismo como proletariado y destruye toda diferencia y todo antagonismo de clases, y, con ello mismo, el Estado como tal. La sociedad hasta el presente, movida entre los antagonismos de clase, ha necesitado del Estado, o sea de una organización de la correspondiente clase explotadora para mantener las condiciones exteriores de producción, y por tanto, particularmente para mantener por la fuerza a la clase explotada en las condiciones de opresión (la esclavitud, la servidumbre o el vasallaje y el trabajo asalariado), determinadas por el modo de producción existente. El Estado era el representante oficial de toda la sociedad, su síntesis en un cuerpo social visible; pero lo era sólo como Estado de la clase que en su época representaba a toda la sociedad: en la antigüedad era el Estado de los ciudadanos esclavistas; en la Edad Media el de la nobleza feudal; en nuestros tiempos es el de la burguesía. Cuando el Estado se convierta finalmente en representante efectivo de toda la sociedad, será por sí mismo superfluo. Cuando ya no exista ninguna clase social a la que haya que mantener en la opresión; cuando desaparezcan, junto con la dominación de clase, junto con la lucha por la existencia individual, engendrada por la actual anarquía de la producción, los choques y los excesos resultantes de esta lucha, no habrá ya nada que reprimir ni hará falta, por tanto, esa fuerza especial de represión, el Estado. El primer acto en que el Estado se manifiesta efectivamente como representante de toda la sociedad: la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad, es a la par su último acto independiente como Estado. La intervención de la autoridad del Estado en las relaciones sociales se hará superflua en un campo tras otro de la vida social y se adormecerá por sí misma. El gobierno sobre las personas es sustituido por la administración de las cosas y por la dirección de los procesos de producción. El Estado no será “abolido”; se extingue.»
Si bien al triunfar una Revolución Socialista, el estado, al asumir el control de casi todos los medios de producción, inicialmente se hipertrofia, en la medida que los trabajadores asuman directamente el control de estos medios, mediante el cooperativismo y la autogestión obrera, comenzará de manera progresiva la disminución de la burocracia estatal y el papel del estado en las tareas administrativas en la producción y los servicios hasta producirse la «extinción» del estado.

¿Por qué el Socialismo?

¿Por qué el socialismo?
ALBERT EINSTEIN
¿Conviene que alguien que no es experto en cuestiones económicas y sociales exprese sus puntos de vista en materia de socialismo? Creo por numerosas razones que sí.
Consideremos primero la cuestión desde el punto de vista del conocimiento científico.
Podría parecer que no hay diferencias metodológicas fundamentales entre la astronomía y la economía: los científicos de ambos campos pretenden descubrir leyes aceptables en general sobre un grupo limitado de fenómenos para hacer una interconexión entre éstos que sea lo más claramente comprensible que se pueda. Pero en realidad estas diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía se ha hecho difícil por el hecho de que la observación de los fenómenos económicos es frecuentemente afectada por muchos factores que es complicado evaluar por separado.
Además, la experiencia acumulada, desde el principio de la llamada etapa civilizada de la historia humana, ha sido –como ya se sabe– muy influida y limitada por causas que no son exclusivamente de naturaleza económica. Por ejemplo, la mayor parte de los principales Estados de la historia deben su existencia a las conquistas. Los conquistadores se establecieron legal y económicamente como la clase privilegiada del país conquistado.
Monopolizaron para sí la propiedad de la tierra y designaron a los sacerdotes entre sus propias filas. Los sacerdotes, en el control de la educación, hicieron una institución permanente de la división de clases de la sociedad y crearon un sistema de valores mediante el cual las personas fueron guiadas de allí en adelante, en gran medida inconscientemente, en su comportamiento social.
Sin embargo la tradición histórica es, por decirlo de alguna manera, de ayer: en ningún lado tenemos la superación de lo que Thorstein Veblen llamó «la etapa depredadora» del desarrollo humano. Los hechos económicos observables pertenecen a esa etapa e incluso las leyes, tal como pueden derivarse de ellos, no son aplicables a otras etapas. Dado que el propósito real del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la etapa depredadora del desarrollo económico, la ciencia económica en su presente estado puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro.
En segundo lugar, el socialismo se dirige a un fin ético social. La ciencia, sin embargo, no puede crear fines a menos que éstos sean introducidos por los seres humanos: la ciencia, a lo más, puede proporcionar los medios mediante los cuales se logran ciertos fines. Pero los propios fines son concebidos por personalidades con ideales elevados y si estos fines no nacen muertos sino vitales y vigorosos, son adoptados e impulsados por aquellos seres humanos que medio inconscientemente determinan la lenta evolución de la sociedad.
Por estas razones deberíamos permanecer en guardia y no sobrestimar la ciencia y los métodos científicos cuando la cuestión son los problemas humanos, y no deberíamos suponer que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse sobre cuestiones que atañen a la organización de la sociedad. Innumerables voces han venido afirmando por algún tiempo ahora que la sociedad humana está pasando por una crisis y que su estabilidad está siendo seriamente quebrantada. Es característico de esta situación que los individuos sientan indiferencia e incluso hostilidad hacia el grupo al que pertenecen. Para ilustrar lo que quiero decir permítanme registrar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un hombre inteligente y bien intencionado sobre la amenaza de otra guerra, la que en mi opinión pondría en peligro la existencia de la humanidad, y señalé que sólo una organización supranacional podría ofrecer una protección de este peligro.
Enseguida mi visitante me dijo muy calmada y fríamente: «¿por qué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la raza humana?» Estoy seguro de que hace un siglo nadie hubiera tenido la frivolidad de hacer una afirmación de este tipo. Ésta es la afirmación de un hombre que se esfuerza en vano para lograr un equilibrio dentro de sí y que tiene más o menos esperanza de alcanzarlo. Ésta es la expresión de una dolorosa soledad y de un aislamiento que mucha gente está sufriendo en estos días. ¿Cuál es la razón? ¿Hay una salida? Es fácil plantearse estas preguntas, pero es difícil responderlas con algún grado de seguridad. Debo tratar de hacerlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son frecuentemente contradictorios y oscuros y que no pueden expresarse con fórmulas fáciles y sencillas.
El hombre es al mismo tiempo un ser solitario y un ser social. Como ser solitario intenta proteger su propia existencia y la de aquellos cercanos a él para satisfacer sus deseos personales y desarrollar sus habilidades innatas. Como ser social busca ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, compartir los placeres, confortarlos en sus penas y mejorar sus condiciones de vida. Únicamente la existencia de estos variados y frecuentemente conflictivos esfuerzos importantes y su combinación específica determinan el grado en que un individuo puede lograr un equilibrio interior y puede contribuir al bienestar de la sociedad. Es bastante posible que la fuerza relativa de estos dos impulsos esté en su mayor parte fijada por la herencia. Pero la personalidad que surge finalmente está en gran medida formada por el medio ambiente en el que el hombre suele encontrarse a sí mismo durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad y por su apreciación de tipos particulares de comportamiento. El concepto abstracto de «sociedad» significa para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con toda la gente de las generaciones anteriores. El individuo es capaz de pensar, sentir, esforzarse y trabajar por sí mismo, pero depende a tal grado de la sociedad —en su existencia física, intelectual y emocional— que es imposible pensarlo y entenderlo fuera del marco de la sociedad. Es la sociedad la que proporciona al hombre alimento, hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento y la mayor parte del contenido del pensamiento: su vida se ha hecho posible a través de la labor y de los logros de muchos millones presentes y pasados que están ocultos detrás de la pequeña palabra «sociedad».
Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la sociedad es un hecho cuya naturaleza no podemos omitir, lo mismo que en el caso de las hormigas y las abejas. Sin embargo, mientras todo el proceso vital es fijado hasta el detalle más pequeño por instintos rígidos y hereditarios, el patrón social y las interrelaciones de los seres humanos son muy variables, susceptibles de cambios. La memoria, la capacidad de hacer combinaciones y el don de la comunicación oral hicieron posibles desarrollos entre los seres humanos que están dictados por necesidades biológicas. Estos desarrollos se hacen evidentes en las tradiciones, en las instituciones y en las organizaciones; en la literatura, en los logros científicos y tecnológicos; en las obras de arte. Esto explica cómo es que el hombre en cierto sentido puede influir en su vida y que en ello los procesos de pensamiento consciente o carente de él formen parte.
El hombre adquiere desde su nacimiento, a través de la herencia, una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, que incluye los instintos naturales que son característicos de la especie humana. Además, durante su vida, el hombre adquiere una constitución cultural que toma de la sociedad mediante la comunicación y otros tipos de influencias. Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, es sujeta a cambios y la que determina en una gran medida la relación entre el individuo y la sociedad. La moderna antropología nos ha enseñado, mediante la investigación de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de los seres humanos puede diferir mucho, dependiendo de los patrones culturales que prevalezcan y de la organización predominante en la sociedad. Es en esto en lo que quienes luchan por mejorar a la mayoría de los hombres deben basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados por su constitución biológica a aniquilarse unos a otros o a estar a merced de un destino fatal autoinflingido.
Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y la actitud cultural del hombre puede cambiar para hacer la vida tan satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del hecho de que hay ciertas condiciones que nos es imposible modificar. Como mencioné anteriormente, para todo propósito práctico, la naturaleza biológica del hombre no es objeto de modificaciones. Más aún, los desarrollos tecnológicos y demográficos de las últimas centurias han creado condiciones que están aquí para quedarse. En asentamientos poblacionales relativamente densos, dados los bienes que son necesarios para la continuación de su existencia, son absolutamente necesarios una división del trabajo extrema y un gran aparato productivo. Ese tiempo, que viendo hacia atrás parece edificio, en el que los individuos y las pequeñas comunidades podían ser completamente autosuficientes, se ha ido para siempre. Es sólo una ligera exageración decir que la humanidad constituye incluso ahora una comunidad planetaria de producción y consumo.
He llegado ahora al punto en el que podría señalar brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Éste es el concerniente a la relación del individuo con la sociedad. El individuo se ha vuelto más consciente que nunca de su dependencia de la sociedad. Sin embargo no ve esta dependencia como un valor positivo, como un vínculo orgánico, como una fuerza protectora sino como una amenaza a sus derechos humanos e incluso a su existencia económica. Sin embargo, su posición en la sociedad es tal que los impulsos egoístas de su temperamento se están acentuando constantemente, mientras que sus impulsos sociales, que son por naturaleza más débiles, se están deteriorando progresivamente. Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Prisioneros sin saberlo de su propio egoísmo, se sienten solos, inseguros y privados del nivel, sencillo y no sofisticado disfrute de la vida. El hombre puede encontrarle sentido a la vida, corta y peligrosa como es, dedicándose únicamente a la sociedad. La anarquía económica del capitalismo tal como existe hoy en día es en mi opinión la fuente real del mal.
Vemos antes que nosotros una enorme comunidad de productores cuyos miembros están incesantemente luchando por despojar a los otros de los frutos de su trabajo colectivo, no por la fuerza sino mediante la fiel obediencia a las reglas legalmente establecidas. A este respecto es importante darse cuenta de que los medios de producción –es decir, la capacidad productiva total que se necesita para producir bienes de producción además de los de capital– pueden ser legalmente, y la mayor parte lo son, propiedad privada de individuos. Para simplificar en el análisis que sigue llamaré «trabajadores» a todos aquellos que no comparten la propiedad de los medios de producción, aunque esto no corresponda al uso acostumbrado del término. El propietario de los medios de producción está en posición de comprar la capacidad de trabajo del trabajador. Al utilizar los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se vuelven propiedad del capitalista.
Lo esencial de este proceso es la relación entre lo que el trabajador produce y lo que le pagan, ambas cosas medidas en términos del valor real. Como el contrato laboral es «libre», lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por los requerimientos de los capitalistas de capacidad de trabajo en relación con el número de trabajadores que compiten por los empleos. Es importante entender que incluso en la teoría, el pago del trabajador no está determinado por el valor de su producto. El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte por la competencia entre los capitalistas y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo impulsa la formación de grandes unidades de producción en detrimento de las más pequeñas. El resultado de estos desarrollos es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no puede ser vigilado ni siquiera por una sociedad política democráticamente organizada. Esto es cierto pues los miembros de los cuerpos legislativos son elegidos por los partidos políticos, que son en gran medida financiados o de alguna manera influidos por los capitalistas privados quienes, para todo propósito práctico, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo no protegen de hecho lo suficiente los intereses de los sectores no privilegiados de la población. Además, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados controlan inevitablemente, directa o indirectamente, la mayoría de las fuentes de información (prensa, radio, educación). Es entonces extremadamente difícil, y ciertamente en muchos casos bastante imposible, para el ciudadano individual llegar a conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos.
La situación prevaleciente en una economía basada en la propiedad privada del capital está entonces caracterizada por principios esenciales: primero, los medios de producción (el capital) son propiedad privada y los dueños disponen de ellos como lo juzguen conveniente; segundo, el contrato de la capacidad de trabajo es libre. Naturalmente que no hay algo como una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular habría que señalar que los trabajadores a través de largas y amargas luchas políticas han tenido éxito en asegurar una forma algo mejorada del «contrato libre de trabajo» para ciertas categorías de trabajadores. Pero si la vemos en su totalidad, la economía actual no difiere mucho del capitalismo «puro». En la producción se lucha por los beneficios y no por la utilidad. No hay ninguna seguridad de que aquellos que pueden y están dispuestos a trabajar estén siempre en posición de encontrar empleo: casi siempre existe un «ejército de desempleados». El trabajador siempre está temeroso de perder su trabajo. Como los desempleados y los trabajadores peor pagados no son un mercado que dé beneficios, la producción de los bienes de consumo es limitada y la consecuencia son los apuros que pasan. El progreso tecnológico frecuentemente da lugar a más desempleo y no alivia la carga de trabajo de todos. La fuerza motora del beneficio, en conjunción con la competencia entre capitalistas es responsable de una inestabilidad en la acumulación y la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas. La competencia ilimitada conduce a una enorme escasez de trabajo y a la deformación de la conciencia social de los individuos que mencioné anteriormente.
Considero que la deformación de los individuos es el peor mal del capitalismo, Todo nuestro sistema educativo sufre de este mal. Se inculca una actitud exageradamente competitiva en los estudiantes que son entrenados para venerar los logros adquisitivos como preparación para su futura trayectoria profesional. Estoy convencido de que sólo hay una forma de eliminar estos graves males, mediante el establecimiento de una economía socialista, acompañada de un sistema educativo que estaría orientado hacia metas sociales.
Y en ella una economía en la que los medios de producción sean propiedad de la sociedad misma y sean utilizados de una manera planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, que distribuiría el trabajo entre todos los que sean capaces de trabajar y que garantizaría la sobrevivencia de cada hombre, mujer o niño. La educación del individuo, además de la promoción de sus propias habilidades innatas, trataría de desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para con sus compañeros, en lugar de la glorificación del poder y el éxito en nuestra sociedad actual.
Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada como tal podría ir acompañada de la completa esclavización del individuo. Lograr el socialismo requiere resolver problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo se podría, si llegara a alcanzarse una centralización del poder político y económico, impedir que la burocracia se hiciera todopoderosa y arrogante?, ¿cómo pueden ser protegidos los derechos de los individuos y cómo asegurar con eso un contrapeso al poder de la burocracia?.

Texto aparecido originalmente en Monthly Review de mayo de 1949. Republicado por la misma revista en el vol. 50, núm. 1, mayo de 1998.
Tomado de: https://www.marxists.org/espanol/einstein/por_que.htm

Sin una educación comunista no es posible el desarrollo del Socialismo.

EscolaresEl objetivo fundamental del socialismo es la liberación de los seres humanos de la enajenación que produce la explotación asalariada del capitalismo, pero no bastaría con el triunfo de esa conquista para que la sociedad alcance su plena liberación. Al cambiar las relaciones burguesas de producción y establecerse las relaciones socialistas, donde todos los trabajadores son libres y trabajan asociados o no, sin estar sometidos al trabajo asalariado, se crean las condiciones materiales para el desarrollo pleno de la personalidad humana donde se manifiesten en la generalidad de los ciudadanos las virtudes inherentes a una sociedad sin explotadores ni explotados: el patriotismo, el humanismo, la solidaridad, la laboriosidad, la honestidad, el amor a los demás, el internacionalismo, el colectivismo, el respeto al derecho ajeno y a la propiedad colectiva y social, el cuidado de la naturaleza, el respeto a los padres, a la familia y a las personas mayores, etc.
Para alcanzar estos objetivos la sociedad debe dedicar gran parte de sus recursos a la educación de las nuevas generaciones y a modificar mediante el ejemplo de todos los revolucionarios la conducta, las convicciones y la conciencia de toda la población. Estas conquistas se alcanzarán en la misma medida que la población se reconozca como el sujeto de la construcción de la nueva sociedad. Esta será la principal conquista del socialismo y permitirá que tanto el Socialismo como el Comunismo dejen de ser utopías para convertirse en la realidad, llegando a materializarse el pensamiento de nuestro Apóstol Jose J. Martí y Pérez: “Todos los árboles de la tierra se concentrarán al cabo en uno, que dará en lo eterno suavísimo aroma: el árbol del amor:-¡de tan robustas y copiosas ramas, que a su sombra se cobijarán sonrientes y en paz todos los hombres!; ¡Ya se oyen los sonidos de las liras, con que celebrarán las cercanías del cielo los habitantes de esa formidable Arcadia!”
José J. Martí, OC, Vol. 05:103

El Socialismo es la eliminación de la explotación del hombre por el hombre.

Carlos Marx y sus principales colaboradores.

Fundadores del Marxismo.

Friedrich_Engels

Durante su largo desarrollo la humanidad ha evolucionado desde la edad de piedra pasando por la sociedad esclavista y la sociedad feudal hasta llegar al capitalismo desarrollado, .
La sociedad esclavista significó un gran desarrollo con relación a la barbarie donde los prisioneros de las continuas guerras eran asesinados, en ella se convertían en esclavos que trabajaban para sus dueños. Los esclavistas los hacían trabajar, podían someterlos a castigos, vejámenes y venderlos, pero los alimentaban y vestían.
En la sociedad feudal los señores feudales tenían muchas prerrogativas sobre los vasallos, los ciervos y los ciervos de la gleba, estos estaban obligados a cultivar las tierras del señor feudal y entregar parte de la cosecha obtenida en las tierras que el señor feudal les asignaba para cultivo independiente. Tenían sus casas y sus familias. Con relación al esclavismo significó un avance importante en la organización social de la humanidad, en la productividad del trabajo y en las condiciones de vida de las clases oprimidas.
Entre fines del siglo XVII y mediados del XIX la Revolución Inglesa, la independencia de las 13 colonias inglesas en Norteamérica y la Revolución Francesa, liquidaron el sistema feudal e iniciaron la Revolución Burguesa. En el nuevo modo de producción no existían esclavos ni ciervos, -aunque en muchos países, y sobre todo en sus colonias, se mantuvo el trabajo esclavo hasta fines del siglo XIX, desde entonces los trabajadores venden su fuerza de trabajo a los burgueses dueños de los medios de producción.
El Capitalismo desarrolló la Revolución Industrial aumentando considerablemente la productividad del trabajo, la Revolución Científico-Técnica, logrando grandes avances en la educación, la salud, las condiciones de vida, las comunicaciones, el transporte, la agricultura, etc.
Carlos Marx y sus colaboradores a mediados del siglo XIX identificaron las condiciones de explotación del proletariado en la sociedad capitalista demostrando que la burguesía se apoderaba de una parte del trabajo de los obreros, la plusvalía, y desarrollaron la teoría marxista como arma de lucha del proletariado para liberarse de la explotación capitalista mediante el trabajo asalariado.
En una de sus obras iniciales “El Manifiesto Comunista” se describen las condiciones de la explotación del hombre por el hombre en la sociedad burguesa y establecen como tarea fundamental del proletariado la socialización de los medios de producción para liberar a los trabajadores de la explotación asalariada y eliminar las diferencias de clase propias de la sociedad capitalista.
Para Ernesto (Che) Guevara, el Socialismo era la abolición de la explotación del hombre por el hombre: «No hay otra definición del socialismo, válida para nosotros, que la abolición de la explotación del hombre por el hombre. Mientras esto no se produzca, se está en el período de construcción de la sociedad socialista y, si en vez de producirse este fenómeno, la tarea de la supresión de la explotación se estanca o, aún, retrocede en ella, no es válido hablar siquiera de la construcción del socialismo.»
Ernesto (Che) Guevara, Argel, 24 de Febrero de 1965
Discurso en el Segundo Seminario Económico de Solidaridad Afroasiática.
En la foto superior August Bebel, Wilhelm Liebknecht, arriba, Carlos Marx, al centro, y Carl Wilhelm Tölcke y Ferdinand Lassalle, abajo.
En la foto inferior Friedrich Engels.